Siempre tuya

No–querido tú:

Te odio como jamás pensé que sería capaz de odiar. Con dolor, con rabia, con más pasión que cuando te ame porque, este odio loco sí me exige esfuerzo. Cada día me obligo a pensar en él, alimentándolo para que no deje de crecer.

Sigo haciendo de estragos tripas, soplando para ahuecar el vacío de viento, de silencios de medianoche pero no hay palabras que aplaquen el desierto, abismo de violetas negras, que rocé a tu lado.

Releo tu carta, necesito comprender por qué ahora. Y acabo formando parte del papel manoseado, destemplado de excesos, arañándome las palabras que leo, los gestos que te intuyo al escribirlas.

Ahora que te humillas con inesperados versos falsos puede cerrarse por fin la herida que aún sangraba besos. Debería ser delicia ver cómo te derramas en lágrimas delante de mí. Mas, es triste la delicia que no colma ni calma.

Dices, "Semanas hace que el viento no sopla porque todo su aliento está en mis entrañas. Aire que inunda mis pulmones, asfixiándolos, aire que me llena y me falta de ti. Un suspiro, sólo un suspiro necesito para calmar mi ansiedad. El suspiro de tus noches culminando mis sueños".

No entiendo a qué musas de luna creciente robaste la inspiración, a quién plagiaste su amor o a quién vendiste tu alma. Esas imágenes no te pertenecen. Tu no sabes amar.

No es fácil enfrentarse otra vez a tu amor desalado. Amor que regaba mi cuerpo con el sudor adosado a la no–pertenencia. Amor fingido y cobarde, amor mentira. Amor no–amor.

Continuo leyendo, "La noche se despereza y crece el purgatorio que está por venir sin tus labios comiendo en la curva de mi espina dorsal. Manjares del placer, cumbre de plata tu sonrisa, tras poseer, no tu cuerpo, tu alma. En la que me sorprendí nadando, sin salvavidas, porque tú eres la vida misma"

Renace el recuerdo. Desgravita mi cuerpo al leer estas palabras salidas de algún desgarro desolado. Tiembla mi pulso y el latigazo en el costado anuncia un posible desmoronamiento del muro de cristal que, piedrecita a piedrecita, había construido para evitar el redoble de tu ausencia.

Canalla bastardo, me robaste el futuro dejándome colgada en el pasado. Maldito cabrón, me abandonaste con los ojos vendados. Estúpido cobarde, me condenaste a mi reflejo, copia de tu semejanza. Presa, de espera.

¿Ahora vuelves? ¿por qué? ¿a qué? ¿hasta cuando?

Es tarde, lo siento. Yo ya no puedo odiarte más, queriéndote tanto.


Siempre tuya,
25/05/2005 14:04 #. Tema: Voz.

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