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un día de diciembre

El despertador suena dos veces cada día. Me levanto a la segunda, me desnudo y voy al cuarto de baño. Preparo el albornoz y la toalla para el pelo, abro el grifo para comprobar que está encendido el termo y mientras sale el agua caliente, me lavo los dientes.

Entro en la ducha, me enjabono, primero la cabeza y después el cuerpo para dejar que la crema acondicionadora haga efecto. Salgo de la ducha, me embadurno en aceite, desodorante y crema de manos. Lío el pelo en la toalla, me pongo el albornoz y salgo del cuarto de baño dejando la luz encendida.

Abro el cajón de la ropa interior y elijo. De un rápido repaso visual al armario decido la ropa y me visto. Vuelvo al cuarto de baño me pongo crema hidratante en la cara y me peino. Dejo la ropa sucia en el lavadero, apago la calefacción, cojo la chaqueta, los pendientes, el bolso y las gafas. Siempre es lo último que hago: las gafas.

Hoy no estaban en la mesita de noche.

La rutina de diario siempre es la misma, no las cojo hasta que no salgo de casa. Pero hoy he tenido que recurrir a mis viajas gafas verdes, guardadas desde hace más de un año en un cajón del comedor.

Los que lleváis gafas habitualmente sabéis que, en condiciones normales,  es muy difícil perderlas. Son como un apéndice extraíble de nuestro cuerpo. No sé pierden unos dientes…, unas gafas tampoco.

He dado vueltas por todo el piso, abierto todos los cajones, entre las sábanas,  los bolsillos del albornoz. Nada.

Tal vez la gata. Está bien tener a quien poder responsabilizar de nuestros despistes pero, por la cara con la que me miraba, dudo de que haya sido ella. Nunca ha prestado el más mínimo interés por mis gafas y, si las hubiera cogido, estaría tan emocionada con su nuevo juguete que las habría encontrado. De todas formas he mirado en su cama y debajo de la mía, por si acaso.

No hay nada que hacer, me espera un día entero viendo a medias. Así que no es un buen día para fijarme demasiado en nada. Si no puedo ver, me resignaré con mirar.

Hipermétrope y astigmática.      

 

01/12/2005 09:39 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario Hay 1 comentario.

dos días de diciembre

Las gafas las encontró él, que para estas cosas es más persistente que yo. Su distante objetividad ante la pérdida ampliaba el campo de posibilidades. A mí jamás se me habría ocurrido mirar en el cajón de las sábanas. 

Puede ser que después de vestirme Ada se colara en ese cajón y al sacarla de allí mis gafas fueran a parar a él. Cómo, no lo sé. ¿Tenía yo las gafas en la mano y las solté para coger  a la gata? Es una certeza razonable, aunque no tiene porque ser verdad.  

Tal vez fueron los duendes de las cosas que viven en mi casa los que se encargaron de cambiarme las gafas de sitio. Es menos probable pero más interesante. 

En fin. 

Ayer hubo celebración de ascenso. Bueno, él en realidad no tenía muy claro si aceptar por el exceso de responsabilidad. Pero, llegamos a la conclusión de que no podía decir que no, y fuimos a celebrarlo. A partir del 2 de enero ¡nos veremos menos todavía! 

La vida del currante ya es jodida en cualquier circunstancia, pero si logran venderte la moto de tus excepcionales aptitudes, la historia de la superación personal  o la necesidad de objetivos profesionales en tu vida, hay que andar al loro. El grado de implicación  desmesurado puede resultar neuronalmente desastroso.  

Sí, yo también juego a eso. Como tiene que ser. Por algo pertenezco a esta vocacional generación de profesionales motivados y seguros de sí mismos. Espero no tener que lamentarlo nunca. 

Tomar decisiones, tomar decisiones, tomar decisiones. Cada cosa a su momento.  

02/12/2005 08:39 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

tres días de diciembre

Siento no estar a la altura de tus expectativas, ha pensado mientras se despedía. Me cuesta creer que no se haya dado cuenta de que ya no hay expectativas. Creo que mis ojos reflejaban la pena que me da su continua lucha y no he podido evitar bajar la mirada. Algo que hago en muy pocas ocasiones, porque me gusta mirar de frente.

No he insistido en que se quedara, no me parece justo machacar a quien lucha con su sentido del deber. Aunque, tal vez para él, el autocontrol no es molesto.

Yo no podría vivir con alguien que me absorbiera tanto. Pienso en su situación con algo de distancia y, entiendo lo mucho que la debe querer para dejar que dirija de esa forma sus pensamientos, sus deseos. Su vida. Me asfixia un poco pensarlo, me entristece ver como lo justifica asumiendo la culpa. Hasta la médula debe tener su presencia instalada para pensar con su corazón. También tiene algo de tierno, supongo. Puede que yo no lo entienda porque soy incapaz de amar tanto como él debe amarla a ella. 

Es alguien especial para  mí, no hay duda. Lo sigue siendo. Especial por todo lo que le he deseado cerca, especial porque es de las personas que se cruzan en nuestras vidas y se nos muestran siempre a medias, poniendo a prueba nuestra curiosidad pero…, es cierto, ya no hay expectativas. 

Distancia y una especie de sentido de culpabilidad ilógico por mi parte. Porque, aunque fue él quien dijo que no quería hacerme daño, a veces parece que el que más se esfuerza en prefabricar poses es él. Y esa sobreactuación provoca malestar.

Me gustaría poder decirle que ya no hace falta que esté a la defensiva, ¿a lo mejor no es de mí de quien se defiende? Quisiera poder darle un abrazo. Sé que podría explicarle todo lo que siento con un abrazo. Sin palabras.

Es curioso, sólo he aprendido a no desearle cuando he entendido que tanto él como yo somos resultados. Yo decido vivir al límite y sin remordimientos, y él decide autocontrolarse. Para mi el premio está en expandir lo que siento, para él la satisfacción es contraerlo. Somos opuestos. 

Otros años en esta misma situación he sentido rabia porque su ausencia me privaba de su compañía, este año me ha dado pena pensar que él mismo se privaba de la nuestra.  La confirmación definitiva ha estado en que he sido capaz de quedarme y disfrutar de la fiesta sin que nada se haya roto dentro mí. De hecho he descubierto varias cosas interesantes al fijarme en otros horizontes. 

Que los latinos tienen una forma de bailar del todo diferente. Que son capaces de enamorarte con el movimiento. Qué fuerza, qué forma de manejar mi cuerpo, de hacerme ir y venir. Someterme al embrujo de sus pasos haciendo que mi propio cuerpo se sintiera dueño del universo. Es excepcional lo que he sentido las tres veces que me ha sacado a bailar. Nunca me había imaginado sentirme así bailando con nadie. 

Esta capacidad mía de racionalizar sensaciones que surgen y desaparecen, es un horror. Después de bailar con él he entendido que había algo más en su forma de tocarme, de mirarme. Sí. Deseo. Pero no deseo de un día fruto del exceso, deseo contenido. He visto como ha dudado, las vueltas que ha dado antes de sacarme a bailar. He notado el respeto en sus manos al ponerse en mi cintura, la vergüenza en sus ojos. Sé que no me equivoco. 

Deseo. Que tonta por no haberlo interiorizado antes. Ya hacía meses que su forma de mirarme, acariciándome las pestañas, me insinuaba lo que estaba pasando. Y yo sin querer escuchar. Seguramente porque no me interesaba en absoluto.

Pero hoy ha sido distinto, me he sentido halagada. Es ese el juego, a veces peligroso, al que me gusta jugar. Ese chico jamás me ha atraído, no tenemos nada en común. Además no me gusta su forma de tomarse las cosas serias de la vida con tan poca seriedad. Pero, qué forma de bailar. Ha conseguido con su movimiento lo que no habría conseguido con toda un vida de palabras. 

Todo se disipa cuando entro en casa y entiendo que es aquí donde esta mi sitio. Que esos son los abrazos que amo, que ese es el cuerpo al que quiero ver envejecer. Y me pongo tierna. Y se me olvida que hay ocasiones en las que siento unas ganas locas de hacer una locura. De dejarlo todo colgado por un beso. 

Sólo por el primero. El segundo ya no tiene sentido, ni sabe a pecado.  

“Y jugar, por jugar sin tener que morir o matar. Y vivir, al revés, que bailar es soñar con los pies…”

¿Bailas?

 

 

04/12/2005 00:23 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

CERRADO POR VACACIONES

De ociosidad calmada

necesario remanso de gloria en el que veo crecer mi ombligo sin remordimientos.

Mañana al fin,

a pesar de pasaportes caducados.

No me cabe la sonrisa en el alma, ni en la maleta. Tendré que llevármela puesta.

A la vuelta, vuelvo.

10/12/2005 23:05 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario Hay 1 comentario.


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