operación bosque
Abosquizaje perfecto. La burbuja de jabón se posa en una rama.
Los árboles se doblan, como si fueran de plastilina. Los arbustos de espuma se deshacen al rozarlos. El olor intenso a pino seco juega a ocupar los espacios de luz. En la sombra el olor es a musgo húmedo. La sensación forma parte del juego.
Caminas sin hacer ruido, esperando que tus botas no pisen esa rama que siempre delata al bueno que se esconde. Decides flotar, a un palmo del suelo. Avanzando como si fueras un elfo o un hada de los bosques. Cruzas y atraviesas, eres invisible. Incorpórea pero sensible.
Hiriéndote la ficción que experimentas hasta fundirte las manos en un nudo que te cierra en un círculo propio. Tú misma te empiezas y te acabas.
Ligera como un soplo.
De tus ojos empiezan a rodar migas de pan doradas, para que puedas encontrar el camino de vuelta. Pero las migas se las comen tortugas que quieren conocer el mar.
A lo lejos ves un trébol de dos hojas. Dimensiones extraordinarias compensan la carencia del número exacto. Es el escondite perfecto, pero tampoco allí encuentras lo que buscas. Sólo espejos dimensionales que te devuelven al principio.
Y es que en un bosque de espuma y plastilina las certezas siempre son inciertas.
De pronto todo se oscurece. Nada responde, no entiendes qué pasa. Tiembla el suelo, la tierra se traga los árboles. Lloras, rayos, truenos, miles de pájaros levantan el vuelo. Las grietas se perfilan infinitas hacia abajo y tú pierdes el sentido y ruedas inconsciente por el suelo.
Por peligro de locura irreversible nos vemos en la obligación de abortar el plan. "Operación bosque” sobreseída.

