Chile I

La mañana ha empezado temprano, teníamos una reunión a las ocho pero ha ido rápido y luego he podido despistarme un poco. Cinco minutos de respiro. He cogido el coche y he estado comprando unos materiales que necesitaba, pero he aprovechado para pasear. Hacía sol, aunque no calor y la chaqueta apetecía. En este país, a diferencia de otros en los que he estado, puedes pasear por la calle sin sentirte demasiado observado. Y eso hace que te sientas como en casa.

Se me está pelando la nariz del sol. Sólo la nariz.

Más tarde hemos ido a recibir a los compañeros que llegaban hoy. La casa en la que están alojados es bonita, está un poco lejos del lugar de trabajo pero tiene una terraza que da directamente a Cala Amarilla. Unas vistas preciosas. Y piscina y barbacoa y jacuzzi. La tarde ha sido para disfrutarla entre gente conocida. Y risas. Y bromas. Todo el mundo estaba de buen humor. Ha sido bonito encontrarlos aquí. Tal vez sea el perfil que da el contexto.

La gente que se encarga del servicio de la casa nos han preparado una comida típica chilena en la terraza de la piscina. Hasta casi el anochecer. Ya era tarde para empezar a trabajar y hemos salido a comprar luces de Navidad para adornar la casa. La verdad es que me ha sorprendido la iniciativa pero ha sido muy divertido pasear por el mercado viendo como regateaban por una cinta navideña o una caja de luces intermitentes. Como estar de excursión con el colegio. Nueve extranjeros de buen humor paseando por un mercado de adornos navideños, en pantalón corto y con gafas de sol. La estampa era curiosa.

Suena el teléfono, una invitación a cenar que me sorprende. Sobre todo por lo secreto. La condición es que vaya sola. Tiene su gracia pero me sabe mal tener que decir que me voy a la habitación a dormir y luego salir a hurtadillas. Hubiera preferido decir la verdad aunque entiendo que no habría sido políticamente correcto. Me ha costado lo suyo que X. se despegara de mí un rato.

La cena está estupenda, lo paso bien. Me llevan a un sitio precioso en un cerro de Valparaíso desde el que se ve toda la costa. Me han sorprendido las tablas de la persona que me acompañaba, nunca lo habría dicho. De hecho nos conocemos hace mucho pero creo que es la primera vez que comemos juntos los dos. Y aunque me preocupaba un poco encontrar conversación para tantas horas, al final incluso nos ha faltado tiempo y hemos quedado en recuperarlo.

Copas, verano, risas. Me divierto lejos de casa. Descubro que tengo recursos para sobrevivir lejos de todo lo que quiero. Antes pensaba que el cordón umbilical se rompía si estabas lejos, ahora creo que el amor, verdaderamente, es ajeno a distancias. Y eso me da la seguridad que necesito para platearme o replantearme. Hoy no he pensado en nada ni en nadie, completamente lejos de todo lo que me preocupa, ata o molesta. Me digo que la vida es algo más que una rutina, un pueblo, un trabajo y un juego en el que sólo apuesto yo. Algo más grande, menos complicado.

Al final he entrado a la farmacia esta mañana y lo he comprado. Me da miedo probarlo, ¿y si es que sí?, qué responsabilidad. Tan lejos de casa, sin poder compartirlo con nadie. Creo que me esperaré a regresar. También puede ser la alimentación, el cambio de clima, los nervios de estos días.

21/12/2006 14:17 Autor: voces. #. Tema: Cuaderno de Bitácora.

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