Consecuencias y dimensiones de un embarazo corriente

Ante todo apuntar mi torpeza habitual, no es justo justificar mis morados y rasguños con mi actual estado de buena esperanza. Suelo tropezarme por no tener la vista puesta en el camino, normalmente culpa de algún pensamiento absorbente que me permite estar en cuerpo pero no en alma. No proceso los obstáculos porque en realidad no suelo estar donde estoy, de ahí que el color azulado de mis piernas sea casi crónico. En invierno con las medias pasa inadvertido pero en verano parezco una niña de colegio. Bueno, ya me gustaría niña de colegio, en realidad parezco una treintañera agredida.

Pero que se me resbalen de las manos platos, vasos, y todo tipo de utensilios susceptibles a quebrarse en mil pedazos, sí parece guardar relación con mi estado de gestante novata. He leído que se debe a un proceso de relajación muscular general que, si recuerdo bien, tiene que ver con una hormona que facilita la dilatación del útero y reubicación de órganos vitales. Soy una hormona en movimiento. Los músculos aflojan y eso complica la sujeción, entre otras cosas. Más eficaz que un relajante de farmacia, doy fe.

Sin duda, los ajustes físicos se incorporan de una forma tan paulatina que los asumes sin apenas ser conciente. Acogiéndote a los nuevos requerimientos de tu cuerpo sin pena ni gloria. No puedo coger peso porque soy incapaz de forzar las abdominales y la espalda la tengo destrozada. No lo proceso, simplemente valoro el peso del bulto que quiero levantar y si su peso es inferior a los límites establecidos por mi subconsciente, lo levanto, sino pido ayuda. Forma parte de los efectos secundarios del embarazo más comunes, las embarazadas no deben levantar pesos, en mi caso es simple cuestión de posibilidades.

Otro de los tópicos que experimento es porqué las embrazadas no deben estar mucho rato de pie sin moverse. La espalda se arquea por la necesidad de compensar la gravedad derivada del crecimiento de la barriga, por lo que al estar clavada en una cola más de dos minutos se empieza a sentir una presión desproporcionada en las lumbares. En algún supermercado me habría sentado a esperar en el suelo sino hubiera sido porque, desde hace unas semanas, sentarse en el suelo, se ha convertido en un gesto casi tan insufrible como permanecer clavada en una cola.

“No puedes hacer deporte si es para competir”, dice mi ginecóloga. Qué ingeniosa. Me quedé con las ganas de preguntarle en qué deporte podría competir con meridiana dignidad pesando siete quilos más, con un entrañable personaje dándome patadas en los intestinos, problemas de oxígeno, que no llega bien a mi pulmones, malas digestiones, ardores. Eso sí, caminar debo caminar una hora al día, con lo que me gusta andar por andar.

Las medidas, cuestión de sentido común con la que no contaba. No había escuchado nunca comentar esta peculiaridad a ninguna futura mamá. No tengo asumida la medida de mi barriga. Me cuelo por huecos y me quedo estancada. Yo paso, pero mi barriga no. Cada vez que abro una puerta me doy un golpe, (hijo perdona, sí, es tu madre que ha vuelto a abrir una puerta), cuando cierro la puerta del coche el portazo me pasa rozando el ombligo. Por las noches me acerco a la espalda del futuro papá sin prever que mi barriga llegará antes que yo. En fin, que voy rebotando de un sitio a otro, sin acabar de acostumbrarme a mis nuevas dimensiones.

Y el sexo merece un capítulo aparte. Es difícil, muy difícil practicar sexo sin que la barriga obstaculice los accesos. Claro que hay posturas menos incómodas para mis actuales condiciones físicas pero poco confortables para la libido. Coger las riendas es lo más cómodo pero la visibilidad se ve mermada, el oxígeno no es proporcional al aumento del pulso, mi compañero de juegos se centra en mis gestos en lugar de limitarse a disfrutar y se acaba convirtiendo en un "¿estás bien?, ¿y tú?¿estás bien tú? ¿y ahora? ¿estás mejor?" ¿Nadie ha escrito un libro de posturas sexuales durante el embarazo? ¿cómo un kamasutra pero para gestantes avanzadas?

“No te subas a las escaleras que te puedes caer”, “cuidado con el escalón”, “no cojas eso” “no te muevas, ya voy yo”. Siempre pensé que estar embarazada no era una enfermedad pero ya veo que las limitaciones existen, no son un tópico. Y aunque me cuesta acostumbrarme a “no poder” hacer lo primero que se me pasa por la cabeza y me acusan de “olvidar que estoy embarazada”, es la experiencia más… más… más fascinante (¡ese es el adjetivo!) que he tenido nunca. Experiencia que no sólo me enfrenta al medio y mis posibilidades desde otro ángulo, sino que me pone delante de mí misma, que me transforma, que me sorprende, que me sobrecoge, que me asombra, que me deja sin palabras en muchas ocasiones, sin reconocerme, perpleja.

La observación más original que me han hecho hasta ahora proviene de mi querido hermano que, tras observarme un rato dar vueltas por casa me dijo “Tata, ¿sabes a qué me recuerdas de perfil? ¡A un tentempié!” Sí, esos muñecos sin piernas que tienen el culo redondo y si les empujas no dejan de oscilar hasta tocar con la cabeza en el suelo. No fue sólo su comentario, fue su cara, encontró justo la idea que estaba buscando para expresar verbalmente lo que estaba viendo. “Mi hermana es como un tentempié”, pensó. Y lo dijo.

Menos mal que el sentido del humor me permite seguir teniendo el ego suficiente como para desternillarme de risa.

07/05/2007 09:15 Autor: voces. #. Tema: De estar por casa.

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