25 de enero
Al llegar al vértice del frío
gélido
de aquella mañana de ausencia,
como tantas otras mañanas,
me puse a deshojar el olvido
despistada, como ausente.
Pasó el día
llegó la noche
y mis manos seguían deshojando recuerdos.
Sin embargo, ya no hacía frío.
La escarcha,
se había convertido en una bocanada de aliento
que salía de tu boca
hasta mi nuca,
y se esparcía por todo mi cuerpo.
Soplo tibio. Como todo cobijo.

