diecinueve días de marzo
Me voy recuperando. Hoy se lo he dicho a T. cuando hemos hablado por teléfono.
Empiezo a encontrarme de nuevo cómoda a mi lado. Despacio, cauta pero con curiosidad, como cuando descubres por primera vez. Las heridas las veo todavía, sé donde están y no están ni mucho menos cicatrizadas. Las chupo, constante. Unos días con resignación, otros entre aullidos, otros eufórica. Pero entre cuidados y el paso de los días van secando, dejando de sangrar a borbotones.
Me doy cuenta de que mis pasos, aunque no han seguido el camino fácil, han escogido el único que puede conducirme al siguiente nivel en la escalera de la felicidad. Opción vedada a los que no arriesgan. Decidí poner la carne en el asador, quemarme la piel, arrancármela a tiras y cicatrizar de arriba abajo. Valdrá la pena.
Hoy E. ha estado hoy por primera vez en un museo. Me apetecía mucho ver un monográfico audiovisual que hacían en mi ciudad sobre uno de los cómicos más geniales de la historia, y allí que nos hemos ido. Tren, ferrocarriles, metro.
Mientras yo me deleitaba viendo cine mudo sentada en el suelo, él dormía en su carro como un angelito, ni una sola vez he tenido que salir de la sala. Luego, yo he aprovechado para ver una exposición de arte etrusco y otra conmemorativa del centenario del Palau de la Música Catalana, y él ha decidido interesarse más por las personas, dedicándose a hacer amigos. Sonriendo, mirando con descaro a diestro y siniestro y bailando cada vez que la música subía un poco de tono. Los niños sociabilizan a los padres, es cierto. E. además es zalamero, divertido, encantador.
(Paro, recojo la baba)
Volver a esos sitios a los que antes iba con frecuencia, ahora, con él. Se ha integrado en mi vida, en mi mente, forma parte indisoluble de mí. Y aunque es difícil encajar las piezas, una vez las vas ensamblando, va tomando forma un nuevo-estado del yo mucho más pleno que el anterior. Digo que, ser madre es muy difícil, lo está siendo, complicado, extenuante, muy cansado, pero que todo eso me conduce a un yo que se desarrolla, que da más de sí, que evoluciona.
Y que es fantástico ver como todo relieve se puede difuminar ante una carcajada, una mirada, o una sonrisa, para hacer la vida más plana (sencilla). Y más plena.

