de besos y recuerdos

El primer beso. Yo debía tener trece años. Fue en diciembre, en la puerta de “El Arlequín”, bar de cervezas y amigos. Xavier no era mi primer novio, pero sí el primero que me dio un beso en los labios.
Las sensaciones siguen limpias, incluso me (re)sube el calor desde el estómago al recordarlo.
Yo llevaba puesto un pantalón marrón de pierna ancha, de los que se llevaban entonces, y una camisa blanca. Él vestía de negro. Serían las ocho de un sábado por la tarde.
X. era bastante mayor que yo (nunca le dije mi edad), así que, después de su declaración de amor, sabía que habría beso.
Se acercó despacio, yo, apoyada en la pared, esperaba. Era la primera vez que alguien introducía su lengua en mi boca.
Todos hemos pensado alguna vez cómo sería nuestro primer beso, si estaríamos a la altura, si sabríamos besar. Con el tiempo nos damos cuenta de que no requiere técnica, ni siquiera práctica, besar es dejarte llevar, cerrar los ojos. Besar es amar con la lengua y la respiración.
Ha sido el beso más dulce de mi vida. No el más apasionado, ni el más salvaje, ni siquiera el mejor. Ha sido, es, el beso caramelo por excelencia. Recuerdo la textura de aquellos labios, blanditos, suaves, tibios. Como se entreabrían buscando el camino hasta rozar mi lengua. Recuerdo que fue un beso largo, rodeado de afecto.
Aquella historia duró poco. Ni siquiera le sirvió de nada ser el guapo del grupo, o que mis amigas estuvieran loquitas por él. Un día, con música de Presuntos Implicados de fondo (¿Alma de Blues?), le dije que no quería volver a verle. Y así ha sido.
Vinieron otros besos, (¿demasiados?), algunos tan especiales como el primero.
Y es que, el beso no se distorsiona con los años. El beso arrancado del alma, es tan visceral, tan poco fabricado, animal, instinto, irracional, tanto, que desarma. Por muchas veces que hayas besado. El beso es limpio, sentimiento desnudo, el beso es esperanza, despedida, reencuentro. El beso, el contacto íntimo de dos labios, hace feliz.
Por eso no quiero renunciar a besar o ser besada. Besada de verdad, ese roce que te tiembla en los labios y te late en la garganta.
No quiero renunciar al calor que me trepa, ni a los tres días de felicidad absurda y anestésica que suceden a dos besos tuyos. Por eso no quiero renunciar a sentir tu olor tan cerca, ni a dejarme latir desbocada. Por eso sigo dejándome besar, aunque me sorprenda, aunque no entienda nada. Por eso me dejo acariciar con el recuerdo de dos castos besos, que, seguramente fueron un impulso intrascendente. Por eso me revuelvo por el contacto pasado, piel con piel, recordándolo vívido y presente. Por eso me alejo en mente y alma, y me quedo como ausente reviviendo tus escasos besos. Por eso recuerdo tu lengua-esponja. Y recuerdo haber pensado en alguna ocasión que tuyos son los besos más dulces de los últimos años. Lengua, dientes, labios.
Eres tan distante en presencia que tu esencia, apasionada, esa que tanto te obligas a evitar, me vuelve loca.

14/04/2008 15:37

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