doce días de mayo

Alguien me escribe. Dos líneas de un “cuando te veía cada día no me daba cuenta de lo mucho que necesito saber de ti, saber que estás bien, saber qué piensas y qué quieres”. Y tres o cuatro líneas más de embriagador contenido. Lo leo dos veces. Tres, tal vez. Contesto con prudencia, pensando cómo me gustaría que me contestasen a mí, pero siendo consciente de que ha llegado el momento de establecer límites. Sé de qué va esto, sé como empieza y como no-acaba. Y no quiero más. Siempre he sabido, intuición y evidencias, que había algo, pero nunca me he molestado en delimitar.

Seguramente si mi cobertura emocional estuviera controlada, si yo tuviera cerrojo y llaves, me dejaría llevar de un modo más natural. Pero dadas mis últimas experiencias me vigilo de cerca. No voy a permitirme más juegos, con nadie. Además él no forma parte de mi savia coronaria, no está arraigado. No quiero doler, ni que me duelan.

Alguien con quien charlar de vez en cuando, alguien que me mime desde fuera, que me conozca a medias, sólo donde hasta mí me apetezca dejarme conocer. Mantener una de esas relaciones empáticas en las que se da y recibe por placer, sin compromiso ni obligación. Sentirme especial gracias a sus halagos y consideraciones. Alguien que dice, justo cuando más lo necesito, lo fascinante que es mi forma de mirar, lo enigmática que resulta mi media sonrisa, o la alegría que transmiten mis carcajadas.

Reconozco que no puedo resistirme a sonreír, a inflarme como un globo, aunque me asuste y dé un paso hacia atrás. Soy así, el ombligo de mi universo. Y, hay ratos en los que quiero sentirme sólo así, ombligo-ombligo.
12/05/2008 20:04

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]