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veintitres días de julio

Mi hijo ha empezado a andar solo. El veintiocho de junio dio sus primeros pasos, de brazo a brazo, pero hace dos días que camina suelto por la casa, y ya no presenta ningún interés por volver a arrastrarse, aptitud a la que sólo recurre en caso de extrema urgencia.

Las experiencias vitales no son exclusivas, la mayoría son situaciones por las que miles de personas pasan a diario, y suelen estar cargadas de tópicos. La maternidad no es una excepción. Y la mayoría de tópicos son ciertos.

Para qué decir que el amor de un hijo habita en otra dimensión, y que es una dimensión mágica, por lo intensa, por lo instintiva, por lo animal, por la de cosas que nos enseña de nosotros mismos. Todo el mundo lo sabe y lo dice.

De todos modos, la magnificencia de ese amor, hace que al explicarlo a alguien que no lo ha experimentado, tienda a mitificarse. Por eso, yo siempre que me preguntan digo que: “es una experiencia que hay que vivir” y que “está siendo la más completa de todas las experiencias vividas, de la que más estoy aprendiendo. De mí y de todo lo que me rodea. Si no hubiera sido madre nunca, yo, sería más incompleta”.

Pero sí, me supera. Más de lo que nunca llegué a imaginar. Y no es sólo por la cantidad de trabajo extra que aparece de un día a otro, es más bien porque, como casi todo en mi vida, tiendo a ponerme el listón demasiado alto. Y a veces no llego. Y entonces aparecen los reproches, las luchas interiores, la decepción.

Siempre pensé que sería buena madre. Y, seguramente, con los años, aprenda a serlo. Pero ahora me sorprendo egoísta, demasiado para ser una madre ejemplar. Ya, tal vez mi equivocación sea esa, el objetivo no debería ser la mejor madre del mundo, sino ser, la mejor madre que yo pueda ser.

Pienso en mi madre, mi referencia, ella ha vivido sólo por y para nosotros. Y ahora vive por y para su nieto. A veces creo que ella es mejor madre para mi hijo que yo misma. Siempre pensando en nosotros, dando para nosotros, olvidándose de ella misma y sus necesidades como mujer. Mi madre es Madre, en mayúsculas, por encima de cualquier otra cosa.

Aunque con los años haya perdido esa áurea de ídolo todo poderoso de la que gozan los padres para sus hijos, y se haya vuelto vulnerable, orgullosa, impulsiva, humana en definitiva, ella sigue siendo la típica madre que ama a sus hijos por encima del bien y del mal. Y hace de su maternidad el centro de su existencia, de su motivación. Amar a sus hijos, no fallarles, estar siempre cerca pese a las renuncias que ello implique. Así es mi madre, como tantas otras buenas madres ¡!

Me observo en mi devenir diario, empujando el cochecito mientras vuelvo cargada de bolsas de la compra, y me digo “ahora soy yo la madre”, pero me sorprendo siendo la misma de siempre. Nada ha cambiado por dentro. Sigo teniendo miedos, aunque crea que una madre debería ser fuerte, dudas, aunque crea que una madre debería estar siempre segura, sigo pensando en labrarme un futuro profesional que me haga feliz, aunque crea que una madre debería querer estar cerca de su hijo a todas horas, sigo queriendo volver a estudiar, aunque crea que una madre no debe querer renunciar a pasar tiempo con su hijo, sigo necesitando pasar horas muertas leyendo, o mirando el mar, aunque creo que debería sentirme mal por dejar a mi hijo con sus abuelos para irme a pasear. Me siento culpable de preferir estar trabajando un rato que estar todo el día con él, me siento culpable de no estar toda la mañana echándole de menos, me siento culpable de cansarme, de no jugar más con él.

Me observo y veo que sigo siendo una mujer. Que desea, que ama, que odia, al margen de él.

Aunque, eso si es verdad, una sonrisa enorme me embarga, me recorre, me estremece cada vez que oigo su risa. Cada vez que siento que mi hijo es un niño feliz.
23/07/2008 23:50 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

trece días de junio

Me hacía ilusión ese trabajo, lo reconozco.

Me habría devuelto la confianza en la ley universal de la causa-efecto. He sufrido estos últimos meses, he renunciado a lo que no estaba bien, a pesar de que la renuncia me dejaba sin fuerzas, apática, más cansada. Ese trabajo me habría devuelto la confianza en la justicia natural, la de los actos que recompensan actos. Pero hoy han salido los resultados: ha sido que no.

No estoy sorprendida, sabía que pasaría, igual que sé que no aprobaré el examen de domingo, lo que sí estoy es triste.

Entre otras muchas cosas, de ese trabajo, me gustaba que fuera allí. Ese pueblo me recuerda a él, su pueblo. A veces, identificamos cosas, música, olores, con personas. En este caso son las calles, la iglesia, cada vez que voy allí, es como si él estuviera más cerca de mí. Y me gusta esa sensación, de llenarme de él sin necesidad de que él lo sepa.

Hoy venía en el coche pensando en escribirle, para explicarle que no me han dado el trabajo. Me habría gustado llamarle, de pronto he interiorizado que hace tiempo que no sé nada de él, pero no puedo hacerlo. Siempre he querido respetar por encima de todo y ese respeto me hace exagerar la prudencia. Eso es lo que nos llevará a la distancia definitiva. Eso y él.

Pero ahora tengo más herramientas para trabajar el margen. Y lo trabajo, porque entiendo que es lo que quiere. Ya casi no duele, ya casi me dan igual sus besos, pero no está siendo fácil. Pienso en él cada día. Hay días en que sólo lo hago cuando abro el correo, esperando encontrar noticias suyas. Otros también pienso en él cuando me acuesto, o cuando me levanto, mientras me ducho. Nada profundo, pienso en su nueva paternidad, en que ya no trabajamos juntos, en esta distancia, en el tiempo que ha pasado desde que me fui, en el tiempo que pasó mientras estuve. En algún beso.

Me habría gustado mucho que me dieran el trabajo.

Habría supuesto un reto profesional, una inyección de autoestima, un incentivo, una nueva meta, una no-degradación, un buen sueldo, un buen horario. Habría supuesto ganas de volver a empezar. Sobre todo, habría supuesto ilusión.
Ahora no estoy ilusionada. Estoy triste. Hace ya demasiado tiempo.

Todo este proceso de derribo está siendo espeso. Poca gente lo entiende. O lo sabe.

Este trabajo habría supuesto el fin del fin, ¡por fin!, pero por lo visto el fin no acaba. Tiene que pasar todavía un tiempo para poder volver a empezar.

13/06/2008 22:59 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintitrés días de mayo

Tras unos meses de soledad (hacia adentro, se entiende) en el justo centro del océano, creo que puedo decir que ha empezado a soplar viento de “tierra a la vista”. Claro que es sólo tierra-emocional y eso siempre puede llevarme a terreno resbaladizo, por lo que valoro con precaución. Quiero decir que, todo sigue igual a mi alrededor, por lo tanto, no habiendo ninguna circunstancia externa que determine un nuevo rumbo, es posible que mañana esta dirección que intuyo favorable vuelva a ser incierta. Y reaparezcan las dudas, la inseguridad, el miedo. Estaré alerta.
Ayer, antes de irme a dormir, con toda la casa en silencio y a oscuras, salí a la terraza. El cielo estaba estrellado, temperatura agradable, me senté a escuchar. Me examiné. Me estoy equivocando en mi forma de afrontar determinadas cosas, lo sé. Pero también es cierto que estoy satisfecha con las decisiones que voy tomando y que, sobre lo importante, no tengo dudas.
Ser madre está siendo una experiencia brutal. Dejar el trabajo al que tan subyugada estaba, no sólo por motivos profesionales, ha sido acertado, intentar redirigir mi vida, está siendo: difícil, cansado, etern, pero tenía que hacerlo para poder avanzar en este proceso, a pequeña escala, de evolución.
Ya no cuestiono mi valentía o cobardía, pienso en mí como alguien vivo, sano, que toma sus propias decisiones asumiendo la posibilidad de equivocarse. La vida debe vivirse y la inactividad es una forma de renuncia.
Una época de cambios a gran escala. Y los cambios duelen. Tal vez solo se trate de aceptar que no hay otro camino hasta el progreso.
Estoy orgullosa de estar donde estoy, en la lucha. Vivir la vida como sé, con intensidad, sentir que la disfruto, seguir buscando, seguir aprendiendo. No reconocerme muerta, ni distante.

23/05/2008 13:42 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

doce días de mayo

Alguien me escribe. Dos líneas de un “cuando te veía cada día no me daba cuenta de lo mucho que necesito saber de ti, saber que estás bien, saber qué piensas y qué quieres”. Y tres o cuatro líneas más de embriagador contenido. Lo leo dos veces. Tres, tal vez. Contesto con prudencia, pensando cómo me gustaría que me contestasen a mí, pero siendo consciente de que ha llegado el momento de establecer límites. Sé de qué va esto, sé como empieza y como no-acaba. Y no quiero más. Siempre he sabido, intuición y evidencias, que había algo, pero nunca me he molestado en delimitar.

Seguramente si mi cobertura emocional estuviera controlada, si yo tuviera cerrojo y llaves, me dejaría llevar de un modo más natural. Pero dadas mis últimas experiencias me vigilo de cerca. No voy a permitirme más juegos, con nadie. Además él no forma parte de mi savia coronaria, no está arraigado. No quiero doler, ni que me duelan.

Alguien con quien charlar de vez en cuando, alguien que me mime desde fuera, que me conozca a medias, sólo donde hasta mí me apetezca dejarme conocer. Mantener una de esas relaciones empáticas en las que se da y recibe por placer, sin compromiso ni obligación. Sentirme especial gracias a sus halagos y consideraciones. Alguien que dice, justo cuando más lo necesito, lo fascinante que es mi forma de mirar, lo enigmática que resulta mi media sonrisa, o la alegría que transmiten mis carcajadas.

Reconozco que no puedo resistirme a sonreír, a inflarme como un globo, aunque me asuste y dé un paso hacia atrás. Soy así, el ombligo de mi universo. Y, hay ratos en los que quiero sentirme sólo así, ombligo-ombligo.
12/05/2008 20:04 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

un día de mayo

Últimamente tengo la sensación de ser provisional. Es como si mi vida se hubiera parado en algún momento, hace unos meses, y todo lo que ha sucedido desde entonces fuera “al margen” de mí y mi camino hacia ninguna aparte. Como si todo este tiempo no fuera del todo real, como aparcarme en el arcén.

Y es que hago poco a casi nada de lo que antes hacia de forma habitual: trabajar fuera de casa, amigos, museos, conciertos, charlas, sexo —¡es tan difícil coincidir en tiempo, espacio y libido!— y es que, se han mezclado compuestos explosivos: mucho trabajo extraordinario, disfunción trascendental, reestructuración profesional, y… procesar, asimilar, organizar, ¡disfrutar! de la experiencia más dulce y compleja que se nos puede ofrecer como seres vivos.

Sí, estoy desbordada, saturada, superada.

Todo me viene grande: demasiada responsabilidad, demasiado miedo, demasiado trabajo. El listón está alto y, aunque he empezado a coger carrerilla, esta vez no sé si podré saltar. Me empeño en ponerme objetivos excéntricos. Aunque, tal vez no sea cosa mía fijar metas, la vida me sucede así, toda de golpe. En estos casos no hay opción.

No es dramático el resultado —ya no estoy triste— sólo que ahora tengo esa extraña sensación de estar en modo “provisional”. Y seguramente lo estoy. T., y su trabajo —de siete días nos vemos cuatro—, E., creciendo y absorbiendo toda mi energía —es tan guapo, tan simpático, tan divertido, tan, tan, tan. ¡Oye!, que es verdad, que no es pasión subjetiva, nos ha salido un hijo encantador. Como me dijo una amiga: “para el ser el primero te ha salido muy bien, parece que lo hayas hecho muchas veces”—, yo y mi trabajo, y mis emociones y mi futuro y mis planes.

Había dicho demasiado que, a veces, tenía la sensación de tenerlo todo hecho, de que ya no habría ni sorpresas ni nada nuevo en mi vida. Todo esto ha debido pasarme por eso, por bocazas.

En fin, sobreviviendo. Aguantando el temporal bajo un paraguas de plástico. A veces, incluso disfrutando maravillada del espectáculo.

01/05/2008 23:21 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

treinta días de abril

Doy vueltas por la casa, pongo una lavadora, recojo una secadora y veo que el cubo de reciclaje de vidrio está lleno. Ups, ¡la comida del niño! ahora vuelvo al cubo, pienso. Me voy a triturar la comida, veo el lavavajillas listo, me pongo a colocar los platos y al abrir el armario de las copas recuerdo que ayer ya pensé en apuntar en la lista de la compra polvos para lavar, busco un bolígrafo, lo apunto. Me voy a doblar la secadora que he recogido y vuelvo a ver el cubo del vidrio, cuando recoja la secadora, me digo. Pero antes de recoger la secadora salgo a la terraza a recoger las toallas que recuerdo haber tendido ayer, con las toallas también está el bañador del gimnasio, lo cojo, voy a la habitación a guardarlo en la bolsa, vuelvo a por las toallas, recojo la secadora. Suena el teléfono, el niño grita, ya se ha enfriado la papilla, pienso. Me siento a dársela y aprovecho para ir terminando de hacer la lista de la compra. Tengo que llamar a hacienda, me digo, también lo apunto.

El niño come, le cambio el pañal, lo dejo en la cuna. Me preparo mi comida, coloco cervezas en la nevera porque al abrirla veo que casi no quedan, pongo los trapos y delantal a lavar, friego los cacharros del niño y mi comida ya vuelve a estar fría. La caliento de nuevo. Mientras estoy sentada en la mesa aprovecho para llamar a mi cuñada que ayer fue su cumpleaños, cuando acabo de hablar, la comida vuelve a estar fría. Ya no la caliento más.

En fin, cosas del ritmo frenético de un hogar en activo.

Y no sé si en todos los hogares pasa lo mismo, o soy yo, que no sé organizarme.

Pero llega la noche, y después de baño y cena infantil, es como si el tiempo se parara de golpe. Me relajo, me pongo el pijama, preparo la cena. Ya destensando, recuerdo que he olvidado, un día más, llamar a hacienda, apuntar el café en la lista de la compra, y por supuesto, recoger las botellas de vidrio. En ese momento suena el teléfono, es mi hermano, mi madre o mi prima con la frase de moda “oye, tú que ahora tienes tiempo, podrías hacerme el favor de…”.

30/04/2008 21:01 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

diecisiete días de abril

Hace mucho que no escribo nada. El diario, porque me obligo un poco, pero cada vez lo hago menos. Y no es que la vida no me suceda, que me sucede a gran velocidad, es que ahora estoy latiendo. Y cuando eso pasa, cuando amanecen rachas de intensidad coronaria, todo se desborda y yo sólo puedo levantarme cada mañana y dejarme arrastrar. No puedo escribir poemas, ni cuentos, ni divagar sobre el sentido que tiene divagar. Y es un poco paradójico porque ahora, que derrocho vida (para lo bueno y para lo malo), es cuando debería estar más productiva. No es mi caso. La intensidad me bloquea.

Decidida a no equivocarme del todo, busco con la razón a cuestas. Y es que hoy vuelve a ser un momento triste, de cucharadas de azúcar que endulzan poco y engordan demasiado. Es lo que tiene preferir el océano calzando un barco con grietas. Debo pagar por aquello que le aposté al diablo. Entre el dolor y la nada, me quedo con el dolor, aun a riesgo de perder la poca (c)alma que me queda.

“Ganas mucho en las distancias cortas, seguro que mañana consigues hechizarles”, me dice P., mi antiguo jefe, orgulloso de mí y atento a mis necesidades de calor. Él sabe que ahora necesito atención por encima de cualquier otra cosa. Habría sido fácil enamorarme de él, pero llegó tarde. Yo ya amaba en aquél momento, aún sin saberlo, y amaba a alguien que aún amándome (tal vez nunca supo que me amó) me desa(r)maba gesto sí, gesto no.

J. sabía lo que quería pero sobre todo hasta dónde estaba dispuesto a dar. Y si algún día traspasó el límite, dio marcha a tras a tal velocidad que atropelló cualquier duda que pudiera haberme quedado en el aire. J., desde mi perspectiva, siempre estancado en un limbo incierto. No hubo principio, ni siquiera hubo fin. Con J. será aliento contenido por los siglos de los siglos.

Y decirme en voz alta que me enamoré de él, no es fácil. En realidad tampoco puedo estar segura de si llegué a enamorarme o no, siempre tuvo más de espejismo que de huesos y carne. Una de cal, dos mil de arena. Todo fue esperar demasiado por demasiado poco. No me dio tiempo para entender desde el fondo. Yo habría necesitado más contacto, palabras, roces y puntos suspensivos sobre mi piel. Habría necesitado mirarle más de cerca, más de lejos, habría necesitado más frecuencia, y más seguido, más. Más y menos. Menos dudas, menos bloqueos, menos decepciones, menos contradecir voz con gestos. Menos templanza y más locura. Menos reflexión y más lujuria.

Creo que ya no importa demasiado. Aunque…no sé, tal vez importe todavía. Porque como dijo el poeta en la noche más triste “Ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

Creo que.

19/04/2008 21:17 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

de besos y recuerdos

El primer beso. Yo debía tener trece años. Fue en diciembre, en la puerta de “El Arlequín”, bar de cervezas y amigos. Xavier no era mi primer novio, pero sí el primero que me dio un beso en los labios.
Las sensaciones siguen limpias, incluso me (re)sube el calor desde el estómago al recordarlo.
Yo llevaba puesto un pantalón marrón de pierna ancha, de los que se llevaban entonces, y una camisa blanca. Él vestía de negro. Serían las ocho de un sábado por la tarde.
X. era bastante mayor que yo (nunca le dije mi edad), así que, después de su declaración de amor, sabía que habría beso.
Se acercó despacio, yo, apoyada en la pared, esperaba. Era la primera vez que alguien introducía su lengua en mi boca.
Todos hemos pensado alguna vez cómo sería nuestro primer beso, si estaríamos a la altura, si sabríamos besar. Con el tiempo nos damos cuenta de que no requiere técnica, ni siquiera práctica, besar es dejarte llevar, cerrar los ojos. Besar es amar con la lengua y la respiración.
Ha sido el beso más dulce de mi vida. No el más apasionado, ni el más salvaje, ni siquiera el mejor. Ha sido, es, el beso caramelo por excelencia. Recuerdo la textura de aquellos labios, blanditos, suaves, tibios. Como se entreabrían buscando el camino hasta rozar mi lengua. Recuerdo que fue un beso largo, rodeado de afecto.
Aquella historia duró poco. Ni siquiera le sirvió de nada ser el guapo del grupo, o que mis amigas estuvieran loquitas por él. Un día, con música de Presuntos Implicados de fondo (¿Alma de Blues?), le dije que no quería volver a verle. Y así ha sido.
Vinieron otros besos, (¿demasiados?), algunos tan especiales como el primero.
Y es que, el beso no se distorsiona con los años. El beso arrancado del alma, es tan visceral, tan poco fabricado, animal, instinto, irracional, tanto, que desarma. Por muchas veces que hayas besado. El beso es limpio, sentimiento desnudo, el beso es esperanza, despedida, reencuentro. El beso, el contacto íntimo de dos labios, hace feliz.
Por eso no quiero renunciar a besar o ser besada. Besada de verdad, ese roce que te tiembla en los labios y te late en la garganta.
No quiero renunciar al calor que me trepa, ni a los tres días de felicidad absurda y anestésica que suceden a dos besos tuyos. Por eso no quiero renunciar a sentir tu olor tan cerca, ni a dejarme latir desbocada. Por eso sigo dejándome besar, aunque me sorprenda, aunque no entienda nada. Por eso me dejo acariciar con el recuerdo de dos castos besos, que, seguramente fueron un impulso intrascendente. Por eso me revuelvo por el contacto pasado, piel con piel, recordándolo vívido y presente. Por eso me alejo en mente y alma, y me quedo como ausente reviviendo tus escasos besos. Por eso recuerdo tu lengua-esponja. Y recuerdo haber pensado en alguna ocasión que tuyos son los besos más dulces de los últimos años. Lengua, dientes, labios.
Eres tan distante en presencia que tu esencia, apasionada, esa que tanto te obligas a evitar, me vuelve loca.

14/04/2008 15:37 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

dos días de abril

Cansada. Con ganas de escribir pero sin tiempo para pensarme. Mucho menos para inventar. Más tranquila, menos palpitante, recuperando un sitio que me pertenece. Lo único que complica la situación es que son demasiadas cosas para hacer y el día es demasiado corto. Mi día es demasiado corto. Tengo todo atrasado. Incluso el reloj, que ni siquiera me he parado a poner en hora. Y juro que no es un motivo filosófico-trascendental. Pocas cosas son filosóficas ahora. Entre tanta trascendencia no hay tiempo que perder en la teoría. Y es que, un bebé, te enreda en una espiral por la que te deslizas, te dejas caer, te pierdes. Y el reloj pierde importancia. Da igual si marca la hora o una hora menos.

E. ha visitado por segunda vez la playa en lo que va de año. Hemos merendado oliendo a sal y comiendo arena. Bueno en realidad la arena sólo la ha comido él, que se ha empeñado en llenarse los puños y metérselos en la boca para luego empezar a escupir entre carcajadas.

También hemos hecho otro avance vital: la fuerza de la gravedad. Hasta ahora tiraba los juguetes y era como si éstos desaparecieran, pero hoy se ha dado cuenta de que: ¡ostras, si los suelto, caen al suelo! Y… ¡mamá siempre está ahí para recogerlos! Lo que les divierte este juego suele ser proporcional a lo que a ti te fastidia agacharte.

Cada día le quiero más. Sin duda nada comparable al resto de amores que pueda sentir. Es mi responsabilidad (casi exclusiva en estos momentos) y eso hace que lo sienta más mío que nada. De hecho, es mío. Soy yo. Es parte de mí. Un trozo de mi carne.

02/04/2008 23:14 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veinticuatro días de marzo

Volvemos a las rutinas. Dejando que el día impuesto nos devuelva algo de automatismo reparador. Los días no-rutina tenemos que tomar muchas más decisiones que los días rutina, y eso cansa. Dónde vamos, dónde comemos, qué hacemos, vienen o vamos, subimos o bajamos.

Creo que este punto de inflexión vacacional marca, definitivamente, el fin del fin. Y el comienzo de una nueva conciencia de etapa.

Ahora sí estoy preparada para soltar amarras, izar velas y esperar que el viento sople. Esperemos que a favor.

24/03/2008 23:55 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

diecinueve días de marzo

Me voy recuperando. Hoy se lo he dicho a T. cuando hemos hablado por teléfono.

Empiezo a encontrarme de nuevo cómoda a mi lado. Despacio, cauta pero con curiosidad, como cuando descubres por primera vez. Las heridas las veo todavía, sé donde están y no están ni mucho menos cicatrizadas. Las chupo, constante. Unos días con resignación, otros entre aullidos, otros eufórica. Pero entre cuidados y el paso de los días van secando, dejando de sangrar a borbotones.

Me doy cuenta de que mis pasos, aunque no han seguido el camino fácil, han escogido el único que puede conducirme al siguiente nivel en la escalera de la felicidad. Opción vedada a los que no arriesgan. Decidí poner la carne en el asador, quemarme la piel, arrancármela a tiras y cicatrizar de arriba abajo. Valdrá la pena.

Hoy E. ha estado hoy por primera vez en un museo. Me apetecía mucho ver un monográfico audiovisual que hacían en mi ciudad sobre uno de los cómicos más geniales de la historia, y allí que nos hemos ido. Tren, ferrocarriles, metro.

Mientras yo me deleitaba viendo cine mudo sentada en el suelo, él dormía en su carro como un angelito, ni una sola vez he tenido que salir de la sala. Luego, yo he aprovechado para ver una exposición de arte etrusco y otra conmemorativa del centenario del Palau de la Música Catalana, y él ha decidido interesarse más por las personas, dedicándose a hacer amigos. Sonriendo, mirando con descaro a diestro y siniestro y bailando cada vez que la música subía un poco de tono. Los niños sociabilizan a los padres, es cierto. E. además es zalamero, divertido, encantador.

(Paro, recojo la baba)

Volver a esos sitios a los que antes iba con frecuencia, ahora, con él. Se ha integrado en mi vida, en mi mente, forma parte indisoluble de mí. Y aunque es difícil encajar las piezas, una vez las vas ensamblando, va tomando forma un nuevo-estado del yo mucho más pleno que el anterior. Digo que, ser madre es muy difícil, lo está siendo, complicado, extenuante, muy cansado, pero que todo eso me conduce a un yo que se desarrolla, que da más de sí, que evoluciona.

Y que es fantástico ver como todo relieve se puede difuminar ante una carcajada, una mirada, o una sonrisa, para hacer la vida más plana (sencilla). Y más plena.

19/03/2008 22:48 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

catorce días de marzo

Suceden cosas, no sé, la vida no se estanca en un punto aunque a veces lo parezca. No es estática. A veces las cosas suceden tan despacio que no tenemos la sensación de movimiento. Otras, suceden tan deprisa que el movimiento conduce a una catarsis sensorial que anula las causas progresivas, centrándonos en las consecuencias.

Lo cierto es que sigo sin saber cómo instalarme en mi nueva situación. Y aunque necesito un cambio de enfoque (me lo dice mi cabeza) el corazón sigue aferrándose a todo lo que ya no existe. No hay vuelta atrás. Y eso no es bueno ni malo, simplemente un estado del movimiento vital, no-involutivo por definición. Lo acepto, en realidad no quiero volver hacia atrás, lo que sucede es que, lo que me espera yendo hacia adelante, me da miedo. Me paraliza y atonta.

¿Qué podemos hacer cuando la vida decide ponernos del revés, como haciendo el pino, con la cabeza hacia abajo y el vértigo en los pies?

14/03/2008 15:24 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

tres días de marzo

“Si ya no puede ir peor, haz un último esfuerzo y espera que sople el viento, a favor. Ya sólo puede ir mejor y está cerca el momento, espera que sople el viento, a favor “. Bunbury

Mi primer día empieza mal. Tan mal que necesito creer, con las no-fuerzas que me quedan a estas alturas de la noche, que no es preludio de lo que me espera de aquí en adelante.

Hay días malos, días peores. Hoy es un día peor.

En realidad hace tiempo que todo es oscuro. Mire hacia donde mire. Me revuelvo nerviosa, con la tensión instalada por debajo de mis intestinos, intentando encontrar energía en aquel lugar de dentro, donde aparecen fuerzas de la nada. Pero ni siquiera ahí queda materia suficiente. Vacío, todo está vacío y oscuro dentro de mí.

No hay ilusión, no hay proyecto. Hoy no hay empuje para hacer rodar la rueda.

03/03/2008 21:05 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintinueve días de febrero

Soy yo, que estoy blandita. Inevitable. No soy una piedra, impasible a las circunstancias y el paso del tiempo, lo que me rodea me afecta y lo que me afecta me rodea demasiado. Textura esponja, porque además de estar especialmente sensible al exterior, mi capacidad de absorción se triplica.

Ayer fue un mal día. Un día peor. Se eternizó el dolor hasta el final. Ni siquiera sé si una despedida definitiva, o simplemente adioses a rutinas. Con arranques rabiosos impropios de mi sentido común. Necesitaba culpar a alguien para (des)culparme un poco a mí misma. A las nueve, en la cama. Sin cenar. Tardé menos de diez minutos en dormirme. Y es que las lágrimas cansan mucho.

Sé que he tomado la única opción del empujón hacia fuera. Aún así, sabiendo que no tenía alternativa, no puedo evitar torturarme con todas las renuncias que implica. Aquí se cierra el círculo de posibilidades entre nosotros. Lo he cerrado de forma consciente, aún sin quererlo. Y eso hace daño. Tal vez he esperado hasta el último momento a que reaccionaras. A que te rebelases, a que te enfadaras o enrabiaras. Conmigo, contigo, con lo que nos sucede al margen del resto del mundo. Con lo que nos sucede cuando estamos cerca. Pero tú sí eres impasible. Como las piedras, al paso del tiempo y las circunstancias.

Hoy, aunque ya no estás (¿no te veré más?), tampoco será fácil. Desde que he llegado esta mañana no hago más que repetirme mentalmente: es la última vez que cojo esta carretera, es la última vez que abro la puerta del búnker, es la última botella de agua que me lleno, es el último café que me hago, es la última vez que paso por delante de tu puerta (hoy cerrada). Todo son frases de despedida. Y es que ser consciente de que es la última vez que haces algo, es duro. Nuestra mente no esta preparada para la improvisación consciente del mañana, para saber que no habrá más barandillas-rutinas a las que agarrarse. Que todo será nuevo, y por ahora, también desconocido. Necesitamos muletas para sentirnos seguros. Ahora mismo hago de trapecista sin trapecio. Y estoy triste. Y tengo miedo.

Estoy casi segura, porque no es la primera vez que me despido, de que este dolor agudo desaparecerá de dentro de mí, pronto. Y que tras unos días de duelo, empezaré a olvidar. A curar. En unos meses todo será más claro, no tan gris. Y dentro de un año, la nostalgia será de aquella que sólo te arranca sonrisas.

Tiempo. Necesito tiempo. Y descansar. Necesito descansar.

29/02/2008 10:01 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintidós días de febrero

Busco relajar las sienes, la tensión se acumula y hasta el parpadeo se vuelve un gesto profundo y consciente. Me duele la cabeza, y desconectar del “aquí y ahora” se vuelve necesario.

Hoy, mi jefe, el que se va de viaje y no estará la semana que viene, en un acto sorprendente de afecto, me ha hecho pasar a hacerle una visita para despedirse de mí. Textualmente “eres una gran profesional que ha aportado con su trabajo e ilusión muchas cosas positivas a esta casa, lo que te agradezco de corazón. Tanto personal como profesionalmente nos acordaremos de ti. Yo sobre todo recordaré aquél día que… (batallita extracomunitaria). Lamento que hayas decidido dejarnos pero espero que te vaya muy bien en la vida y no dudes en contar con nosotros si necesitas cualquier cosa en la que te podamos ayudar”. No esperaba nada de él, ni siquiera un adiós, así que el gesto de llamarme, darme un abrazo y una despedida solemne, casi me hace saltar una lagrimilla. Más que nada porque me ha cogido descolocada, no esperaba despedidas a una semana vista.

La verdad es que no lo estoy cargando de mucho trascendentalismo, tal vez a toro pasado. No sé. Y me sorprende, porque yo soy actriz trágica. Supongo que la semana que viene será una semana rara, sabiendo_que. Aunque tengo ganas de que llegue el viernes, ganas de salir por la puerta y dar un portazo, ganas de dejar tras de mí esta etapa que ya empezaba a pesar. A hacer daño. Ahora mismo es como cuando a una planta se le mueren las raíces pero todavía no se ve el efecto en sus hojas. En realidad, si estiramos hacia arriba veremos que no hay nada que me sujete al suelo. La planta soy yo. Raíces muertas.

Lo único que sigue vivo, por lo tanto lo único que escuece, es él. Me gustaría que las cosas hubieran ido de otra forma. Me gustaría que… ¡es igual!, no quiero ni pensarlo. En realidad hay que poner los pies en el momento. Ayer pensaba, hoy pienso. Concluyo que, así como él ya ha aceptado que su vida sigue sin mi, y que eso no es un drama, yo debo aceptar que la mía sigue sin él. Acabar de desarraigarme de cuajo. A todo nos acostumbramos, aunque ahora parezca que va a ser imposible acostumbrarme a su olvido.

22/02/2008 15:04 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintiún días de febrero

Van quedando menos días. Y yo he decidido quedarme quieta. No pienso hacer nada. Esta vez no.

Tal vez porque me cansé de hacer lo que esperas que haga, o lo que creo que esperas que haga. Tal vez porque es demasiado enrevesado hacer y pensar y pensar y hacer. Tal vez porque después de tanto pensar y tanto hacer, de tantos años haciendo para ti, he decidido que ahora merezco que seas tú el que hagas algo. Si es que hay algo que hacer.

No soy ingenua. En esto no. Sé que no vas a hacer nada porque, a diferencia de mí, tú ya has aceptado que no hay nada que hacer. Pero ¡nací romántica!, incluso sabiendo que no harás nada sigo esperando que en cualquier momento, a lo Oficial y Caballero, me digas lo importante que soy para ti, o que no quieres que desaparezca de tu vida. Al menos no del todo. No lo vas a hacer, ya. Pero esta vez, yo tampoco. Dejaré que pasen los días que quedan. Son pocos. Y, tal vez, con el último día también llegue el final. Sólo tal vez.

El tiempo que no tengo la cabeza ocupada en asuntos de fuerza mayor, estos días, la ocupas tú. Me monopolizas. Me resisto, me convenzo, me obligo. Sobre todo pienso en lo que voy a echar de menos tenerte a mano. Poder pararme en tu puerta a explotar mi último disgusto. Aunque hace mucho que no lo hago. No habrá mucha diferencia. Me has obligado a echarte de menos antes de tiempo. “Ya que has tomado la decisión, vale más darlo por acabado”, me dijiste hace poco. O algo así. Nada de dejarnos mecer. Nada de permisos. Terminar y hacerlo cuanto antes. Te da igual si eso me hace daño o no. Tú crees que es lo mejor para los dos, y como siempre, crees estar en posesión de la verdadera opción.

Y es cierto que podría enfadarme hasta creérmelo si me lo propongo un poco. Llevar al extremo mi malestar y convertirlo en rabia hacia ti. Dejar de hablarte estos días que quedan antes de la ausencia definitiva. Pero creo que eso te haría daño. Y yo pienso en no hacerte daño. O en hacerte el menos posible. En que seas feliz. En realidad, sólo pienso en ti.

21/02/2008 13:57 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

diecinueve días de febrero

Te enfadas. O te pones triste, no sé, pero con pose de enfado. De la de distancia. No te acerques que muerdo, me dicen tus ojos. Enfrías tu trato, ahora sin brillo de cercanía en las pupilas. Y yo tengo que tragar saliva, morderme la lengua y hacerme un nudo en los pies para no ir a preguntar qué te pasa. De todas formas sólo me lo dirías a medias.

Siempre me ha pasado igual contigo, me interesas hasta tal punto que me gusta estar cerca de ti cuando estás triste, para intentar animarte. También cuando estás contento, por aquello de compartir ilusiones. Es cierto, me gusta estar cerca de ti. A secas, en cualquier circunstancia.

Podría no tener que renunciar a ese aspecto de forma premeditada y voluntaria. Podría no ser estricta y permitirme esa cercanía inofensiva. Permitirme ser amigos, reforzando vínculos. Deberíamos ser más amigos que nunca ahora que dejaremos de vernos a diario. Tengo que luchar contra el deseo de querer pasar estos últimos días acariciando todo lo dulce que nos ha unido, mimándonos. No puedo regalarte sonrisas y palabras. De hecho es lo que más me gustaría, ser capaz de darme esos permisos para estar cerca de ti.

Pero tampoco vas a pedírmelo, aunque me guste esperarlo. Sé que desde tu orilla no harás nada. Te quedarás sentando esperando que yo haga o deshaga, o simplemente sentado, sin esperar. Mirando distante mis idas y venidas, mis cambios. Pensando que soy inestable o que no sé lo que quiero, o que mis neuras responden a alguna estrategia previa que tú no entiendes. No sospecharás que en realidad depende sólo de la fuerza con la que me levante por la mañana para que mi actitud sea una o su opuesta. Lo que me permita el margen de actuación que existe entre lo que debo y lo que deseo.

Y tal vez lo esté complicando demasiado. A ti todo esto te da igual. El hecho es un final, y lo aceptas y terminas. Y te das la vuelta y sigues con tu vida. Como si nada, o con pesar, pero como si nada. Aceptando, interiorizando y actuando en consecuencia. No te revelas, no contemplas la posibilidad de que las cosas podrían ser de otro modo, no pones de tu parte para que las cosas sean como tú quieres que sean. Aceptas. Te resignas. Te da igual.

A mí sin embargo me cuesta aceptar que las cosas no son siempre como a mí me gustaría. Por eso lucho hasta el final, me dejo uñas y dientes. Así me va.

Debería aprender a tolerar mejor la frustración y aceptar que el guión de mi vida, y las vidas que me rodean, no se escribe a dictado de mis sueños.

19/02/2008 14:40 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

dieciocho días de febrero

No sé si es un pez que se muerde la cola. Quiero decir que no sé si no me encuentro porque sé que sólo es cuestión de días mi paso por aquí, o si mi paso por aquí estaba condenado al desencuentro porque ya no hay nada que me atraiga o vincule. A veces, las cosas acaban porque no hay ninguna opción para continuar. No era viable seguir dando de sí.

Algo positivo de esta experiencia-retorno ha sido confirmar que he tomado la decisión correcta. Que no hay un hueco entre estas paredes en el que coja yo. Todo me parece pasado. Y es que debo haber, como poco, cambiado mucho. El sitio que he ocupado durante tantos años, hecho a mi imagen y semejanza de entonces, ya no me viene. Ni siquiera sé si me queda pequeño o me viene grande, simplemente no me resulta cómodo. He cambiado sí, pero ha sido tan poco a poco que no me he dado cuenta de hasta que punto podía afectar al mantenimiento de mis rutinas. Hay cosas que ya no estoy dispuesta a hacer por dinero.

Volver también ha sido positivo para entender que necesito hacer otras cosas, salir de casa temprano y tener un lugar al que ir, saberme útil en el mundo. Notar que relleno un espacio que existe y se relaciona. Que soy algo más que madre, esposa, amante, o hija. Que soy yo, y que soy capaz. Aquí me queda poca ilusión. Y necesito volver a ilusionarme hasta la médula con un proyecto. Lo necesito, como el aire que respiro. Lo necesito para no ahogarme. Para no ahogarme y perderme, para no enterrarme en la apatía, la costumbre, la rutina.

Hoy re-llena de fuerza, de ganas_de, de confianza, tengo de nuevo la certeza de que acabaré encontrando un espacio en otro lugar. Otro espacio. De que todo será algún día: más y mejor.

Claro que no es sólo una cuestión de trabajo y etapas. No podía soportar ver deteriorarse una relación hasta desangrarse, el sacrificio del deseo contenido me escocía demasiado. Tu pragmatismo, tu convencionalismo, tu mentir: por no querer entrar en el juego, ni querer salir. No podía soportar un segundo más tu ocupación, poseyendo mi mente constante. Y el adiós definitivo y para siempre es el único calmante que a estas alturas puede engañar a mis sentidos. La lejanía consciente y premeditada. Para dejar de soñar.

Renunciando a ti renuncio también a tu compañía, a tu charla, a compartir proyectos, a compartir ilusión por esos proyectos. Renuncio a una mano amiga, a un hombro en el que lamentarme, renuncio a que formes, como me gustaría, parte cercana de mi vida. Pero ahora mismo no tengo alternativa si quiero respetar la distancia que me impones, si no quiero seguir haciéndome daño. Tal vez la distancia solo sea temporal, la necesaria para chupar heridas. O tal vez sea definitiva, pero en ese caso sólo nos escocerá un tiempo.

18/02/2008 14:58 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

once días de febrero

Estoy cansada. Siempre a estas horas, es normal. Cuando me siento aquí a escucharme después de un largo día sin tregua, es justo que esté cansada. Y que me permita decirlo.

Soy exigente. Demasiado exigente. Lo sé. Es un "sé perfecta" grabado a fuego en mi mente. Todo tiene un orden necesario, el orden impuesto por mis múltiples tics perfeccionistas. El suelo limpio, sin migas ni polvo, la ropa recogida, la cocina en perfecto estado de revista, la nevera llena. Soy incapaz de entregarme a mis mañanas de mama en funciones sin haber recogido antes el lavavajillas, haber limpiado el cuarto de baño y haber puesto una lavadora. Necesito que el piso esté ventilado, que huela bien, que no haya nada por medio, ni demasiadas cosas inútiles. Tirar lo viejo cada tanto, pocas veces guardo lo que no me gusta por cuestiones sentimentales. No soy fetichista. Lo viejo, o en desuso, tiene que desaparecer. Me da mal rollo.

Luego están las comidas. Las mías, las de T. que se las lleva a trabajar, las del bebé, que ya ha empezado a comer sólido. Tengo que preparar tres comidas diarias al mediodía. Comprar. Para nosotros y la fruta y verdura del bebé, ahí si que no se permiten descuidos. Siempre tengo que tener a punto un plátano, una manzana, una naranja y una pera para la merienda de E., y las judías verdes, la calabaza y la patata para sus comidas. La visita casi diaria a la farmacia, esporádica al pediatra, las clases de natación de E., la de masajes para bebés, los regalos de cumpleaños de mi suegra, mi cuñado, mi madre y mi sobrina. El regalo de aniversario para T., reservar hora en el restaurante, anular la visita del miércoles al masajista. Llamar a la casa de colonias para concretar reserva, y al Banco Santander para saber porqué me han enviado el pin de una tarjeta si yo no tengo cuenta con ellos. A última hora, preparar la cena, dos cenas y un biberón. Bañar a E., ponerle el pijama, darle de comer. Todo eso hay que intercalarlo con paseos para que el niño respire aire y le dé la luz, cambios de pañal, mil cucharadas de papilla, planchar uniformes.

Por fin llega T., cenamos, recogemos la mesa, me cuenta como le ha ido el día y se acuesta. Y yo me quedo aquí sentada, con el cuerpo machacado y las pestañas pegadas a los párpados intentando preparar la evaluación del curso de especialista en comercio y márqueting que empecé hace unas semanas, pagar un recibo, hacer una transferencia, confirmar las fechas de una convocatoria.

Pero me cuesta organizarme.

Así es que decido empezar a escribir para concentrarme un rato en mí, en mi estado de ánimo, en mis inquietudes, en el resultado de las decisiones_terremoto tomadas los últimos días, en intentar decidir de una vez por todas hacia dónde llevo mi vida y, sólo se me ocurre escribir: Estoy cansada.

No debería extrañarme que con esta rutina para la que en breve, entre ausencia y viajes de entrega y recogida, hasta que haga el traspaso, tendré nueve horas menos (afortunadamente sólo serán algunas semanas), decía que no debería extrañarme que, de vez en cuando, salga a hurtadillas de la burbuja para inventarme otra vida más mía. Más yo y menos el resto.

No puedo mantener los ojos abiertos ni un segundo más. A dormir.

12/02/2008 00:13 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario Hay 1 comentario.

diez días de febrero

Hoy. Esta noche. Por primera vez desde que empezó toda esta revolución existencial, he tenido la triste sensación de haberme equivocado. Sé que es miedo. Miedo al porvenir. Miedo de no ser capaz de encontrar el camino hacia un futuro más feliz.

Gritaría en este momento hasta quedarme afónica. Y luego empezaría a llorar.

Tengo al demonio (¿o al ángel?) diciéndome al oído: “Ves, te lo dije. La has cagado. ¿Dónde coño vas a ir tú ahora? Con treinta y un tacos, un bebé, con mucha experiencia profesional pero pocos méritos académicos. Con lo bien que estabas donde estabas, por ser incapaz de enfrentarte a una emoción de desencanto, tiras ocho años de tu vida, y de tus esfuerzos, por la borda. Eres gilipollas”.

GILIPOLLAS. Así me siento, una gilipollas incapaz de tolerar la frustración o el rechazo. Orgullosa, amiga del dramatismo extremo. Como si mi vida fuera una función, que represento ante un montón de admiradores que aplauden conmocionados mis arranques viscerales.

Acabo de sentir el pánico amontonado en mi pecho. Ahora mismo me acurrucaría, cogería mis piernas y escondería mi cabeza entre ellas. Un ataque de pánico en toda regla. De los que ya solo queda, levantarme y seguir.

Está decidido. Hecho. La decisión tomada y no hay vuelta atrás. Debo abrir la ventana para que entre el sol. Buscar el lado positivo, que seguro que lo hay, y dejarme acunar por la turbadora sensación de que existe un nuevo destino para mí.

Voy a dormir, tal vez con la luz de la mañana, el futuro tenga mejor color.

10/02/2008 23:49 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

seis días de febrero

Una vez tomadas, las decisiones, te liberan.
Sea cual sea el resultado, el decidir algo consciente y segura, te descarga de tensión lumbar, coronaria y etérea.
Convencida pero algo asustada. Sé que he hecho lo que tenía que hacer. A ratos siento pena, por todo lo que implica esta precipitada despedida, pero es pena inevitable. Nostalgia previa. Era mucho yo, todo lo que allí me rodeaba. Es como decirme adiós a mi misma desde la otra orilla de mí.
Lo cierto es que la vida (mi vida) tiene otra perspectiva mucho más feliz ahora. Ligera, volátil.
Y aunque las cosas no salgan como las preveo, no importa. Tomar una decisión que implica cierto riesgo, es necesario, cuando no quieres que se te alquitrane el alma.
Ahora tengo un montón de cosas por hacer, un montón de planes, proyectos, iniciativas. Ilusiones, en definitiva. Y ya no me escuece el despertador, todo lo contrario, madrugo, y me organizo. Y sonrío. Y E. me sonríe, porque sabe que él ha sido el ejecutor del empujón. Él va a ayudarme a cambiar mi vida.
Y ahora ni siquiera me parece tarde para hacer lo que siempre he querido hacer. Aunque me asuste un poco la mitificación de ideales. Y los desengaños consecuentes. Pero es que necesitaba demostrarme que mi vida soy yo, este donde esté. Y que yo decido. Y que nunca está todo dicho. Aunque a veces lo parezca. Y que no hay rutina que mil años dure.


06/02/2008 13:44 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintinueve días de enero

Me prometieron que las condiciones cambiarían. Me lo creí, a pesar de que son promesas antiguas que nunca se cumplen. A pocos días de mi regreso, todo sigue igual. No hay noticias, no hay cambios. Y yo sigo desencantada, más si cabe. Siento que me toman el pelo. Una vez más. Y es que, esa manía mía de entender lo que sucede a mi alrededor, de no exigir lo que creo que merezco por «comprender», me ha conducido a un punto de inflexión peligroso. Del que ya no sé si podré volver. Sí, el desengaño.

Por eso no quiero seguir trabajando allí, por eso y por un montón de cosas más. Sin pensar en mi bebé y en que no quiero dejar de compartir con él el espacio que hasta ahora nos hemos dedicado en exclusiva, se me ocurren ciento un motivo por los que dar por cerrada esta etapa de mi vida. O por los que volver sólo de forma provisional, con calendario de cese definitivo. Y es que, las etapas caducan, como los yogures. Y llega un momento en la vida de cada rutina en el que sientes que ya no tienes nada que aportar, y que nada de lo que recibas tendrá un nuevo valor. Ya no queda NADA que hacer allí que quiera hacer.

Es difícil, cuando el amor propio convalece, encontrar el camino de regreso justo al momento anterior al desagravio. Y hacer como si no hubiera pasado nada.

Por eso vuelvo a ponerme delante de mi futuro, una vez más, con la cara entre las manos y sentada a lo indio, dispuesta a tomar la decisión que más miedo me da. Porque es una decisión importante: qué será de mí el resto de mi vida. Y decido que, como mínimo, sé que no quiero que sea lo que es. O no, más bien lo que no quiero es que se estanque aquí. He aprendido mucho, es cierto, pero llegó la hora de recoger mis bártulos, de iniciar un nuevo viaje. Quiero nuevos retos, nuevos incentivos, aprender, enfrentarme a situaciones desbordantes, conocer otra gente que siga enriqueciéndome. Quiero volver a sentir ese gusanillo de alerta cuando suene el despertador. Ponerme a prueba. No bajar la guardia.

Ayer, cuando entré en aquél edificio con mis papeles bajo el brazo, sentí, como no había sentido desde hacia muchos años (ocho para ser exactos) que allí había un sitio para mí. La puerta de la entrada, giratoria al estilo aeropuerto, el guarda de seguridad, la recepción, todos aquellos hombres trajeados, el ascensor. No sé, todo me resultaba pre-familiar. Y en ese momento creo que decidí que sí de antemano. Que si me llaman, que si mi perfil esta a la altura, que si llegan a entrevistarme y le gusto a mi entrevistador/a tanto como para darme el trabajo, diré que sí. Sin dejar que los susurros en la oreja del ángel, o el demonio, den la vuelta a la tortilla de mi decisión. En definitiva, sin miedo.

¿Qué podría pasar? Arrepentirme, equivocarme. ¿Y qué? En el camino que lleva hacia la risa siempre encuentras algunas lágrimas. No sería ninguna tragedia, simplemente me vería obligada a seguir tomando decisiones. Poco más. Y la vida seguiría avanzando hacia mi final inexorable. Sin opción de conocer qué habría pasado si hubieran sido otras las decisiones tomadas.

Aunque sentir miedo sea inevitable y forma parte de nuestro ancestral bagaje genético para sobrevivir, no quiero saberme su esclava.

Ya, ya paro. No voy a darle más vueltas hasta que llegue el momento decisivo. Por ahora, tomar un té, seguir contemplando opciones. Dejarme llevar por mi intuición, desentrenada pero eficaz. Seguir escribiendo poemas. De amores, de cuerpos, de adioses. Y perderme en sus imágenes. Relajarme. Dejarme llevar por el ritmo y el paladar.

29/01/2008 12:47 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veinticuatro días de enero

Hoy habría querido llamarte, hablar contigo. Como tantas otras veces. Pero hoy con un motivo: contarte. Por alguna extraña razón que aún no entiendo, (¡sí la entiendo!) te has convertido en uno de mis interlocutores preferidos. Son libres mis palabras cuando te hablo, incluso lo son mis miedos. Por eso me apetecía destilar contigo mis incertidumbres, explicarte que.

Pero he contenido el aliento y la palabra, y ahora desahogo el eco reprimido. Necesito escribirte en primera persona, como si fueras a leerme (¡!), para decirte que hoy te he echado de menos. Más que otros días. Decirte que he estado apunto de coger el teléfono, de buscarte. Pero no voy a hacerlo. No puedo quererme tan poco.

Volvía en tren de mi periplo por la ciudad, contenta, pensando en las posibilidades reales de que esta oportunidad salga bien. Con la mirada puesta en el paisaje que se desfiguraba a través de la ventanilla, y la mente, en un hábil ejercicio de escapismo me ha llevado a tus pies (de nuevo). De pronto he recordado que por estas fechas me susurraste, mirándome a los ojos, la frase más bonita que has sido capaz de decirme nunca. Seguramente la más bonita de todos los tiempos. Habidos y por haber. Me habría gustado escuchar la más bonita que has sido capaz de pensar, pero has perfeccionado demasiado el filtro.

Y ahí me he quedado colgada, meciéndome con el mar que se apagaba a mi izquierda, indefinida, pensando en ti. Mirando de reojo el teléfono por si éste quisiera regalarme alguna noticia del Mar Rojo. O del Mar Muerto.

Me gusta pensar que, cuando el recuerdo es intenso, es porque tú, desde algún lugar, también piensas en mí. Y nuestros pensamientos se cruzan. O se unen. Me gusta pensar que tú también me recuerdas. Ni siquiera dudo que lo hagas. Lo haces, lo sé. Por eso somos más estúpidos si cabe. Los dos.

Te echaré de menos. Me echarás de menos.

24/01/2008 23:55 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintitres días de enero

Escojo formar parte de los que deciden, de los que deciden siendo conscientes. Escojo ser valiente y no dormirme en el paso de los años, como si todo estuviera hecho ya. Necesito un cambio, aunque el miedo esté tan arraigado que escueza en forma de duda. O terror a equivocarme. Pero creo que esta vez va enserio. Está decidido.

Hay etapas que se queman, simplemente. Y una vez quemadas no hay opción de reconciliación. Es lo que siento. Fruto de la presión del retorno inminente, lo sé. Pero esa misma presión será la que aprovecharé para poner un pie delante de otro y salir por la puerta. La grande, a poder ser. Ni siquiera tú, que has teledirigido, sin quererlo, mis decisiones los últimos años, ejerces ninguna influencia ahora.

Me queda mal sabor de boca, a pesar de que quería evitar los ardores a toda costa. Malestar por permitir que las cosas estén sucediendo así, entre la distancia y el olvido. Tú no quieres frialdad, lo sé, pero es lo que me das y no sé hacerlo de otra forma sin que me duela. Dar lo que reciba, así no habrá posibilidad de exceso. Querías que te lo pusiera fácil. Tus deseos son órdenes. No más cercanía.

Aunque bien sabes, desde el secreto que compartimos, que echaré de menos tus palabras, tus gestos, tu forma de mirarme. Y bien sabes que ocuparás en algún lugar de mi recuerdo, por los siglos de los siglos, un pequeño altar.

Siento una extraña alegría, como de quitarme un peso de encima, mezclado con cierta tristeza de nostalgia. Como cuando sabes que algo importante está a punto de suceder y te sientes aliviada de que llegue un fin deseado, pero también triste porque ese fin implica tu paso continuado. El fin de tu tiempo.

Pasan años por mi piel y se va forjando en mis entrañas la convicción que ya apunta de haber vivido con desgarro. De haber disfrutado poniendo siempre toda la carne en el asador. A veces, en esa intensidad, la perspectiva se pierde y el escozor se magnifica. Pero aunque el corazón latiendo en la garganta monopoliza en exceso, es la única forma de sentir a tiempo completo. Arriesgar, apostar, soñar, soñar, soñar.

Llegaran tiempos peores. También mejores. Y un día, de repente, se acabará el tiempo.

23/01/2008 20:33 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veinte días de enero

Días en los que el nudo que me ata a mí misma, ese que estrecha el lado izquierdo del pecho y acelera el ritmo cardíaco, está agarrotado, como tenso. No hay motivo aparente, pero sí miles de motivos sin apariencia. No es tristeza, en realidad hace tiempo que no estoy triste. Intranquilidad, estar incómoda, no-satisfecha. Sé de qué va. Va de cambios que se avecinan, de reincorporaciones no deseadas, de búsqueda precipitada de opciones, de querer arañar alternativas. Va de miedo a tomar decisiones. De entender (aún a tiempo) que si vuelvo al camino todo seguirá siendo lo que era antes de este paréntesis: cansancio, ojeras, días grises. Más de lo mismo y..., hace tiempo que lo digo: ¡estoy cansada! Pero existe el miedo. Miedo a que mis propios pasos me lleven a un lugar inhabitable. Y miedo a tener que vivir con ese remordimiento. Más a mí, que me cuesta tanto perdonarme.

Personificando una historia que leí hace poco me digo: si tengo algo que no me hace feliz, debo abandonar. Si lo que encuentro en ese abandono es más infelicidad *, debo volver a hacerlo. Y, si sigo encontrando infelicidad debo seguir abandonando. Cabe la posibilidad de que, entre abandono y abandono, encuentre algo que me haga moderadamente feliz. En resumidas cuentas, puedo pasarme la vida siendo infeliz pero en movimiento, en busca_de, y con la esperanza de encontrar la plenitud en cualquier esquina o quedarme quieta y condenarme a la infelicidad moderada por miedo a que, con el movimiento, ésta se agrande. La lógica es aplastante, no tengo nada que perder. Pero no es nada fácil, llevamos el miedo escrito en los genes. Las instrucciones heredadas son claras: provéete de un futuro seguro, no arriesgues. A los genes les importa un pito tu felicidad, ellos sólo quieren que sobrevivas.

No me apetece nada volver aunque mi regreso implique “supuestas” ventajas. No me apetece, no quiero. No quiero imaginarme estacada en esa silla hasta la infinidad. Hacer algo grande a veces es sólo hacer lo que uno quiere hacer en cada momento. Escribir poemas, cuidar bebés, trabajar en casa, poca implicación profesional, mucha implicación personal, familiar, vital.

Algo se acabó, se resquebrajó, como un espejo, de arriba a abajo. Y necesito un cambio, un giro, media vuelta y un paso al frente. Busco el teléfono, hago dos llamadas, pienso, no hablo. No es una mala opción. Hay esperanza en el sueño. Alguien me ofrece la posibilidad de emplear una parte de mi tiempo haciendo algo que me apetece hacer y de momento no lo dudo. Ayudar a estudiantes de literatura puede convertirse en un paso hacia algo. Como poco, un paso hacia el no-vencimiento. Ocho meses de trabajo duro combinando todas mis facetas y habrá más opciones. De repente me relajo, pienso en mi regreso como algo pasajero. Sueño con el cambio, confío en mí, me insuflo fuerzas del aire hondo y el suspiro. Insisto en la idea de no quedarme quieta esperando que la vida corra por encima de mí y me desmolde.

De repente vuelvo a sentirme valiente y orgullosa. Paso los dedos índice y pulgar por las comisuras de mis labios, fijo la vista al frente. Ojalá sea este mi año. Ojalá, por fin, el fin del miedo.


* Estoy aprendiendo que la felicidad es un estado emocional efímero, he ahí su gracia, por lo tanto no tiene sentido buscar la perpetuidad de esa emoción. Por eso, releyendo, concluyo que felicidad e infelicidad no son aquí matices emocionales acertados, ¿tal vez plenitud y no-plenitud?¿satisfacción y no-satisfacción?

20/01/2008 23:35 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

catorce días de enero

El otro día hablé con J. Está bien, sólo ha venido a pasar estos días con la familia y se vuelve a marchar. Su casa está allí ahora, dice. Tiene previsto quedarse todavía un par de años más, hasta que los primeros acaben el ciclo y pueda arreglarles las matrículas para la universidad. Qué suerte tienen, les ha caído un ángel.

Cómo me gusto escuchar su voz, cargada de proyectos. De ilusiones. Cierta envidia, o nostalgia subjetiva, no sé. Lo cierto es que echaría a correr detrás de él si no fuera porque, para cuestiones tan trascendentales, pensamos dos veces antes de actuar.

Me habló de los niños, de él, de los adultos. También hablamos de mí, de la selva. Y con cada palabra se agrietaban un poco más las disciplinas que nos imponemos en este, el mundo desarrollado.

Hoy me ha mandado fotos. Ana Delmis está enorme, ¡cómo en un año puede hacerse una mujer! Linda no para de crecer y a los guachos les ha salido la nuez. Leo está más delgado, supongo que fue la cárcel. Cruz está igual que siempre, mujer fuerte, valiente. Sin dejar de criar hijos y nietos. Y el papá, en la finca. Y Chepa, que tuvo el coraje necesario para separarse de Joel.

J. dice que me recuerdan y yo sé que no lo dice por decir. Sé que ellos me recuerdan porque fui la primera gringa que apareció en sus vidas. Me observaban, con un descarado violento para nosotros, que pertenecemos a la cultura del disimulo. Se peleaban entre ellos para ponerse delante de mí mientras me lavaba los dientes, para ver cómo me lavaba la ropa, expiaban mi bolsa de viaje. Sin tocar, eso sí, su respeto no entendía de indiscreción visual pero sí sabía de propiedades materiales.

Desde aquí, tan lejos en distancia, recuerdo el no-paso del tiempo con envidia. Cómo han conseguido vivir con la ilusión de que el tiempo no pasa, creer en lo estático de los días, moldear una vida reduciendo al mínimo el estrés del paso del tiempo.

Deseo que J. tenga suerte. Deseo dedicarle mi más sincera admiración, yo sé qué es estar allí, para lo bueno y para lo malo. Y se lo digo, y se lo escribo. Y me quito el sombrero y beso el suelo que pisa. Feliz, por conocer a gente tan auténtica como él. Porque seguramente la vida es poco más que eso, conocer, aprender, compartir.

Saber que una parte de mí se quedó allá. Que siempre tendré un lugar al que poder volver.

14/01/2008 13:23 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

nueve (o diez) días de enero

Han pasado nueve días, (o diez, ni siquiera sé en que día vivo) desde que empezó el año y todavía se me hace raro pensar en clave de par, dos mil ocho suena, no sé, demasiado redondo tal vez. Y es que, ya he entrado en una década en la que los años pasan rápido. Treinta y uno, en unos días.

Nueve (o diez) días desde que me senté a pensar, aquí mismo, desde donde escribo ahora, en el año que acaba de acabar. Año intenso, lleno de vida, demasiadas lágrimas, año en el que tomé algunas decisiones equivocadas y otras, seguramente, a destiempo.

He acabado hace unos días un libro en el que el autor escribe algo así como “hablando la gente se confunde”, y me parece acertado. La palabra es un alma de doble de filo. Está cargada de intenciones, de teoría. A veces pienso, que, si tú y yo hubiéramos hablado menos, tal vez.

Sólo han pasado nueve (o diez días), y parece que han pasado una infinidad. Cada día es un siglo en miniatura. Demasiado largo, demasiado intenso, demasiada presión, todo cambia. Entre el ayer y el hoy hay miles de pensamientos.

En estos nueve días (seguramente diez) que han pasado, he tenido tiempo para exigirme, para olvidarte, para echarte de menos, para encontrarte, para volverte a echar de menos. Incluso me he planteado el camino del odio para alcanzar la indiferencia, pero ¿acaso está a mi alcance la indiferencia cuando sigo siendo incapaz de dejar de pensarte?

Desasosiego, aunque sé que esta vez no es sólo cosa mía, me lo han dicho tus ojos. Tú también te engañas (me engañas), juegas a ser más fuerte, más esquivo, a disfrazarte. Pero sé te ve el color negro de la pata, aunque la embadurnes de harina. Eso sí, tú nunca llamas a la puerta, siempre esperas a que abra. Es probable que, si algún día llamas, yo ya no pueda/quiera abrir.

Y será una pena perder todo lo que hay, porque, lo que no hace daño, es bonito. La palabra, la risa, la confianza, todo eso llena, nos hace crecer. Da vida. Y es una pena perderlo por no haber sabido mantenerlo sin ensuciarlo, por no saber cómo mantenerlo sin que se agriete.

Pero ya han pasado nueve días (tal vez diez) y yo sigo esperándote en el quicio del pensamiento. Apoyada en una excusa y una mirada furtiva, sin querer aceptar que por ti, ya puedo esperar toda la vida. Que no vendrás a decirme lo que quiero escuchar, que no me escribirás para contarme que sigues echándome de menos. Te da demasiado miedo. Te importa demasiado poco hacerme (nos) daño.

Por eso hoy, que he visto a alguien que me ha recordado a ti, que me ha hablado de ti y de tus planes de empezar pronto en otro lugar, por eso hoy que he hecho oídos sordos a todo lo que sé y he permanecido en silencio mientras alguien me hablaba de tus sueños, no he podido evitar sentarme aquí y ver cómo se redesangra la herida. La herida de tu silencio, de tu no-tacto en mi tacto.

Hace nueve días, diez, un millón, que me propuse empezar este año sin ti ocupando mi pensamiento y hoy, redescubro que eso no está en mis manos. Para hacerlo necesito cuerpo y alma. Y uno de los dos siempre está cerca de ti.

No lo puedo evitar, soy poeta. Todo es exagerado en el recuerdo de la noche.

Seguiré esperando. O no. Una vela. Otro camino. Todo esta por llegar, lo sé, lo siento.

10/01/2008 00:09 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario Hay 1 comentario.

cinco días de enero

A SSMM los Reyes Magos de Oriente

Queridos Reyes Magos,

Este año no he sido buena del todo. Un poco sí.
Aunque mi voluntad ha sido serlo, no siempre lo he hecho porque, a veces es difícil saber qué está bien y qué está mal. Y no siempre aquello que nos hace felices es bueno.
De todos modos, convencida de vuestra benevolencia, quiero pedir algo. Como cada año, para que no caiga la magia ni se apague. Jugar una vez más a desear y tener esperanza.
Así es que mis deseos para esta noche son: una dosis de humor inagotable, muchas risas verdaderas. Una vida infinita para regalar a los que amo, y un poco de locura, para mí.
En los zapatos, al pie de la ventana, dejaré cinco kilos que me sobran, para que los puedan repartir. Y un vaso de vino dulce, y un paquete de galletas.
Tampoco me iría mal un poco de sentido común, para frenar mi vértice irracional. De pasión estoy servida, no añadan más en su saca. Pañuelos, por si hubiera desengaños. Valentía. Que sigan los reencuentros. Alegrías, una para cada día.
Este año no quiero lágrimas, ya las lloré todas el pasado año. Tampoco quiero carbón, ni siquiera dulce.
Quiero un bote de suerte con vaporizador, para poder administrarlo a discreción. Quiero muchas noches con velas y música de fondo. Y dos días soleados a mi disposición. Vacaciones al otro lado del charco. Un desalcolizador para mi padre y un quitarencores para mí. Mucha, mucha, mucha felicidad para mi bebé. Bien pensado, me iría muy bien un saco de buenos momentos y sonrisas, para repartir entre los que me rodean.
Quiero que pase otro año más y no sentirme más cansada, ni más vieja. Sentirse vieja siendo tan joven es triste. Y recuperar la fe en esas cosas importantes, en las que la he perdido. Quiero no tener que echar de menos a nadie, ni saberme superada por la ficción de mi mente. Quiero pensar menos en lo ridículo. Dedicar más tiempo a las cosas importantes.

Sé que quiero muchas cosas y es posible que no os coja todo en el equipaje. Así que lo dejo a vuestra elección.

Con confianza,

S.L.G

05/01/2008 19:19 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

Feliz 2008

Desde aquí también comeremos las uvas. Doce en cada plato, aunque ninguno quedará del todo vacío. Se amontonan las uvas y la risa en la boca y se hace difícil tragar.

Unas veinte personas ataviadas con matasuegras, gorritos y serpentinas dispuestas a despedir y recibir años. Risas, nervios, más risas.

Mi madre y mi tía chillando emocionadas, mi padre adosado a la botella de cava, mi tío empanado mirando la tele, mi hermano mirándonos a todos como si estuviésemos un poco locos, y el resto parloteando sin parar, ni parar de reír. También tendré un recuerdo para los que ya no están.

En algún momento pensaré que preferiría estar en algún sitio más silencioso, aunque los (nos) acabaré aceptando como imperfectos con una media sonrisa, sintiéndome parte de esa locura familiar. Nos miraremos de reojo mientras suenan las campanadas y mi prima empezará a hacerme muecas con la nariz para que me ría y atragante, yo cerraré los ojos y empezaré a contar las uvas, perderé la cuenta y estallaré en la primera risa del año. Nos levantaremos con el pie derecho, llenaremos nuestras copas con anillos y pulseras de oro, propios y prestados, y brindaremos por estar todos juntos. Nos repartiremos veinte pares de besos en una extraña danza alrededor de la mesa que combina risas, villancicos, comentarios post-doce campanadas…, a estas alturas yo ya no busco silencio en ningún rincón, soplo el matasuegras y le doy caña al revival que suena en el radiocassette de siempre.

Y, justo en ese momento en el que empiece a sonar el revival, os estaré deseando a pleno pulmón y llena de fiesta: ¡¡Feliz 2008!!

31/12/2007 18:19 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

treinta y un días de diciembre

Me acabo de servir una copa de cava. Un trozo de turrón de chocolate y almendra. Nunca es demasiado temprano.
En esta isla de soledad previa al desmadre festivo me regalo recuerdos y me permito sentarme a pensar. Ha sido un buen año. Un GRAN año.
Ser madre es genial. Y ser madre de mi bebé, más. Porque es un bebé divertido, simpático. Porque es mejor bebé de lo que podía haber imaginado. Y porque ser su madre me hace muy feliz.
Es el día de la nostalgia por excelencia. El día de los buenos propósitos. El día de mirar hacia adelante, a los lados, echar la vista atrás. El día de darme la vuelta con los ojos y ver qué soy. Un año más, recontarme y decirme que mi vida no está tan mal. Qué está muy bien, qué leches.
Sentir como vibro, a la vez, con la vida que me envuelve. Ser viva.
Desear que nunca se me desarme la frente.
Depositar mi fe ciega en los que me quieren. Dejarme querer.
Estrenar la belleza del nuevo año, desde el primer segundo del día.
Reír a carcajada limpia, en voz alta. Como sé hacer cuando estoy contenta.
Destinar mi pensamiento a todos los que, con amor, me destinan el suyo.
Regalarme blandita, envuelta en celofán.
Ser caramelo.
Dejar de escribir mientras pienso que la felicidad es darte a los quieres. Es querer a los que te das. Es dar y querer, no guardarse para dentro. Ser en el medio de muchos seres que también son. Ser y estar. Dar.
Así que aquí soy, estoy y me doy. Por muchos, muchos, muchos años más.

31/12/2007 16:13 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintitrés días de diciembre

Después de otro día cansado decido sentarme con un té entre las manos a dejarme llevar. Los pensamientos que me ocupan desde hace unos días me mueven. Me exigen un orden para poder respirar hondo sin que se me espese la traquea.

a) te despiertas en casa. Los exámenes han acabado por ahora y tienes unos días de tregua. Por primera vez en mucho tiempo no tienes excusa que te disculpe de tus obligaciones paternales. Así que te encuentras cara a cara con un niño de cuatro meses y te agobia el descubrimiento. Y yo me derrumbo. Necesito tu ayuda para no caerme, tu miedo me da vértigo.

b) desde el fondo, despacito, una voz te habla: Yo sólo quería tener tus manos entre las mías un momento. No había intención más allá de eso. Sentirlas latir. Tocarte. Cuando estoy cerca el contacto se hace prioritario. Era un roce inocente, no había intención futura. Todo era presente.

c) necesito tiempo, dices mientras pides que te perdone y sujetas mi cara entre tus manos. Y yo necesito que me ayudes, que no estés siempre superado, que estés a la altura. Cerca de mí, de nosotros.

d) el peque ha empezado a dormir en su cuarto. Es como un destete prematuro. Echo de menos su respiración en mis sueños.

e) debo reconocer que tiene razón. Priorizar lo correcto y aceptar los límites de lo socialmente establecido. Ese es mi deber.

f) no quiero sentarme en una mesa rodeada de gente y hablar, hablar, hablar. Quiero que pasen estos días de polvorones y vino dulce. No quiero escuchar consejos sobre crianza, ni apaciguar los ánimos, ni siquiera quiero villancicos. Quiero estar triste y quedarme sentada delante del televisor.

g) no voy a desnudar más mi alma. Siempre resulto ser yo la que se queda en cueros. Tú prefieres las medias tintas, las verdades con censura, tú prefieres engañarme, o el silencio. Te resulta cómodo encontrarme siempre ahí, esperándote tras la esquina, recogiendo tu aliento.

h) un mensaje que no te llegué a enviar: «Alguna cosa ha tocado fondo esta tarde, debe haber sido mi dignidad porque me escuece profundamente. No sé que quiero pero quiero algo diferente a esto. Supongo que ha llegado el momento de volver cada uno a nuestro lugar. Olvidar lo que fue y actuar en consecuencia. Seremos buenos compañeros. O compañeros nada más. Tenías razón, no sé si igual o no, estas cosas siempre acaban».

Podría seguir toda la noche. Noche de dudas, de heridas, de rabia. Noche de duelo.

24/12/2007 00:49 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

vencida

Me siento vencida,
como los árboles por el peso de los frutos
torcida, cansada
aunque no es incompatible con un grado de felicidad inusual, consecuencia de unos gorgoritos que me hacen sonreír incluso de madrugada.

Me siento vencida,
aunque teja con hilo de pescar y unas argollas marcos para colgar fotografías,
aunque me pase horas en la cocina para regalar, en forma de comida, mi amor
aunque sonría a todas horas para no desconcharme
aunque lave, planche, barra, friegue, ponga la mesa, quite la mesa
aunque salga cada día a pasear
aunque me quede sentada, escuchando (te) paciente y te acaricie la cara

aunque parezca que no me venzo, lo noto, me voy venciendo, como los árboles por el peso de los frutos

Algún día tal vez toque el suelo con la oreja, o me tronche.

19/12/2007 23:17 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

un día de diciembre

No me enfadaré contigo, no. No tengo ganas de hacerlo. Enfadarme requiere energía y no ando sobrada últimamente. No me enfado, pero no te entiendo. Tal vez porque siempre he partido de una base incorrecta. Pensaba_que, ahí debe estar el error.

Es agotador intentar entenderte pero no, tampoco voy a enfadarme. Tus motivos tendrás. Siempre. Sólo son pequeñas desilusiones que me acercan a la misma conclusión: “Tú nunca has apostado nada”.

Yo, teniendo ganas de verte no me habría ido sin decir adiós. Yo, esperando “la única” noche del año, incluso tal vez la última, no habría cerrado la puerta a la oportunidad. Yo, estando triste como estabas, no habría desperdiciado la oportunidad de pasar un buen rato con alguien que me hace reír (si es que mi compañía tiene esa repercusión, claro). Yo, viviendo en el mundo real de encantos y desencantos en el que vivimos, no habría desperdiciado la posibilidad de un solo segundo a tu lado. Pero claro, eso lo haría yo. De ahí la desilusión. Yo pensaba_que.

Desilusiones que me van preparando para la distancia definitiva. Y que por eso me ponen infinitamente triste. Son desilusiones funcionales. Eficazmente adecuadas para su fin, aceptar el cercano desapego con la mayor naturalidad. Sin índice de tragedia.

No te echo nada en cara. La historia se repite siempre, no hay cambios. Por lo tanto tengo que llegar a la forzosa conclusión de que vivimos/sentimos/nos expresamos de modo distinto. Soy incapaz de entenderte, y sin entenderte no puedo reprocharte nada. Ni siquiera me puedo enfadar. Tengo la sensación de que todo ha dependido exclusivamente de mis pasos. Siempre. Derecha o izquierda, diestro o siniestro. De que tú te has movido pocas veces.

Si no fuera porque a ti también se te ve infinitamente triste (el trabajo, supongo) tal vez podría decirte que estoy cansada. Explicarte que me apetece recuperar unos minutos de aquella suavidad, de aquella chispa en tus ojos, escucharte de nuevo decir_que. Tan cerca de mi oído. Pero no, tú estás triste y no debes querer escucharlo. Y yo estoy cansada, y no sé si me apetece explicártelo.

Tal vez yo vea cada momento como un final de algo y eso me obligue a vivir enganchada al instante presente. Se nos acaba el tiempo, se nos pasa la vida. Y tú, a diferencia, siempre veas la posibilidad del mañana. Llegará mañana, otro día, en otro momento. Y eso te permita vivir enganchado a la esperanza futura. Tal vez, sólo tal vez pueda ser eso. Lo cierto es que no lo sé.

Así que adopto tu actitud y me recosto en la apatía emocional. Esperando que pasen los días, los meses, los años. Pero sin poder evitar entristecerme al ver que te acabas antes de tiempo.

Ni siquiera París nos queda ya.

01/12/2007 18:03 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintinueve días de noviembre

Dedico cinco minutos a releerme hace unos meses, hace unos años. Leer mis viajes, mis rutinas, mis emociones. Porciones de mí misma. Recuerdo vivencias, reflexiones, me redescubro en perspectiva. Triste en ocasiones y otras inmensamente feliz.

Levanto la vista de la pantalla y pienso: “Esto debe ser, seguramente, vivir”. Y decido irme a la cama con ese sabor de boca. Sintiendo que aprovecho la vida. Y que la clave está en sentir como siento.

29/11/2007 23:22 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintisiete días de noviembre

Hoy E. ha probado el zumo de un gajo de mandarina. Los ojos casi si le salen de las órbitas. Por primera vez, y con consentimiento facultativo, ha inaugurado uno de los placeres sensoriales que le ofrece el más mojado de sus sentidos, el gusto.

Disfruto con esta iniciación. Cada día que pasa, más. Y mejor.

Pienso en la intensidad emocional. Qué pena que no podamos recordar la experiencia de nacer a la vida sensorial. Qué pena que la mía se haya acabado diluyendo en el espacio-tiempo de mi contorno. Cada día más difuminado por sombras y patas de gallo.

Si al menos nos quedara el recuerdo.

27/11/2007 23:54 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

quince días de noviembre

“Divertida y atrevida. Inteligente, pero sobre todo lista. Mi alumna preferida durante muchos años, ¿cómo no iba a acordarme de ti?”.

Así fue como me saludo Arturo, mi profesor de dibujo técnico de primero de bachillerato, cuando por casualidad (yo prefiero pensar que ha sido por causalidad) me lo encontré paseando por la rambla de mi pueblo.

Es curioso que su hijastro haya decidido instalarse aquí después de cinco años viviendo en Dublín. Y es curioso también que entre tanta gente, nos hayamos reencontrado. Y reconocido.

Él sigue igual, y deben haber pasado quince años, o más. Barba cana, de las interesantes. Alto, delgado. Irónico, con una sonrisa especialmente cautivadora. Sigue teniendo un ojo de vidrio, aunque ya no me pone nerviosa que me mire.

Hemos tomado un café, ha conocido a E. y se ha alegrado mucho de reencontrarme “tan feliz”. Ha querido saber qué ha sido de mí, y hemos hablado largo. Le he escuchado cuando hablaba del tiempo y de lo importante que es dedicarlo a lo que realmente nos hace felices. Me parecía verle delante de la pizarra, hablando de perspectivas y ángulos. Con aquella autoridad.

Es un hombre sabio. Una de esas pocas personas con las que te cruzas que derrochan sabiduría. En silencio casi siempre. La sabiduría está instalada en sus ojos, en su pose, en su media sonrisa, en su forma de asentir o disentir. Parco pero con luz.

Ya no ejerce, está prejubilado y se dedica, según sus propias palabras “a vivir a tiempo completo”. Encontrarme con él ha supuesto una inyección de optimismo y fuerza.

Bienvenidos sean los encuentros que nos abren en canal y regeneran.

15/11/2007 12:31 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

dieciseis días de octubre

Recuerdo de un paseo:

A lo lejos, en el horizonte marino en el que se pierden de vista olas y olores, llevo la mirada y la dejo balanceándose. E, apoyado en mi pecho. Tiene los ojos cerrados y respira con suavidad. Su pequeña manita aferra mi pulgar como si de esa fuerza dependiera su vida. Respiro hondo, le miro y sonrió. Yo también cierro los ojos.

Y feliz, y completa, me dejo acariciar por el otoño.

16/10/2007 15:42 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

quince días de octubre

Casualmente,

Carta de José desde Teoxinte

Hola Sandra,

Soy José, he venido a internet con Jesús.

Espero que esté muy bien con su hijo EDGAR, con su esposo y el resto de la família. Yo estoy bien, siempre estudiando y ayudando en casa, en la milpa, en la finca ... y en todo lo que puedo. Ya estamos estudiando 8º grado con Jesús y aunque me cuesta un poquito siempre voy a las clases e intento hacer las tareas que me manda. A veces le acompaño a la montaña, o a Jololo, donde da clases, pero no me gusta que dé clases en tantos sitios porque casi no está con nosotros y siempre está vagando.

Ahorita hemos bajado a Santa Bárbara para pasear un rato y yo tenía muchas ganas de escribirle y saber de usted. Todos nos acordamos mucho y nos gustaría que algún día volviese a visitarnos con su hijo y su esposo, aunque sabemos que es muy difícil. Y la queremos lo mismo aunque no venga.

Jesús se va a ir pronto y aunque no lo diga está muy triste. Le da mucho pesar tener que irse de aquí porque nosotros le queremos como si fuera de la família. Mama dice que es su hijo mayor y hacemos bromas con eso. Siempre juega con los niños y les da churros. Aunque a veces se enoja y me jode bastante con lo "de pepe lobo" o con lo de que me gusta una güirra y todas esas cosas, pero me lo paso muy bien con él.

Todos estamos bien y le enviamos muchos saludos y recuerdos.

Espero que todo vaya bien por Barcelona y le deseo lo mejor para usted y su família.

Pd Jesús dice que le envía un abrazo y que se cuide mucho. Promete escribirle pronto contándole como va todo por aquí.

Y a mí, como siempre, se me pone la misma cara. Los ojos lejanos, el entrecejo destensado y media sonrisa en los labios.

¡Quién fuera viento!

15/10/2007 19:41 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

nueve días de octubre

Hoy hace un año (ya!) que cogí el avión hacia el fin del mundo huyendo de alguien. O tal vez solo huía del miedo a enfrentarme a mi misma. Dudas. Mil dudas y parálisis, pánico a decidir, o a no poder hacerlo.

Te quiero. Desde hace tiempo (y también). Hoy lo sé y lo asumo. Entonces no entendía que podía quererte sin más. Hoy sé que hay cosas que simplemente son, que no se dirigen. Y que de verdad se puede querer sin esperar nada a cambio (cada día esperando un poco menos).

Me importas, me preocupas, me diviertes, quiero que seas feliz. Las horas a tu lado pasan (cada vez menos horas) volando. Y eso debe ser quererte. Ya ni si quiera me preocupa que lo sepas, ya no quiero nada de ti. Seguir queriéndote, que es lo que me manda el corazón. Pero a una distancia prudencial, esa medida justa en la que solo hay que dejarse llevar. Sin esperar gestos, ni palabras.

Y me alegro de haber viajado tan lejos, aunque no me sirviera para olvidarme de ti. Y me alegro de haberte conocido, aunque me haya costado tanto entender que quererte no es pecado. Y que querer a alguien no implica poseerlo, que también se puede querer en el destierro. Y para siempre.

Aunque tengo que reconocer que, algún rato, te hecho de menos.

(de martes huérfano y nostálgico)

09/10/2007 22:10 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

ocho días de octubre

Subo al cielo, en el que se mezclan tus pestañas con las mías y el beso es la prolongación de nuestros alientos.

Te recupero por espacio de dos días, después de otros tantos sin verte. No sé si es la distancia, nuestro hijo, mi poca actividad adulta que impide que me despiste demasiado, pero lo cierto es que hace dos días que te miro y me siento inmensamente feliz.

Y se me encoje el corazón pensando en ti. Tengo ganas de estar contigo, de hablarte, de abrazarte y..., es que tienes en tu poder los abrazos más cálidos y poderosos del mundo. Siempre que me abrazas me dejas una sonrisa y me arrancas una tristeza. Lo sabes. Sabes cuanto necesito tu olor en mi almohada. A tu lado me siento segura. Y fuerte.

Por eso esta noche cuando vuelvas te habré preparado tu cena preferida. Y comprado un regalo. Disfrutar de esta emoción que hoy compartimos porque no sabemos cuanto durará, ni si durará siempre. Flores, o música. Perfume, o unas entradas para el teatro.

Disfrutarte. Por eso esta noche cuando llegues el niño estará bañado, comido y dormido. Y habrá velas y sonará “Your latest trick”. Por eso mientras cenamos haremos piececitos. Y por eso, antes o después, te diré lo mucho que hoy Te Quiero.

(de lunes sensual)

08/10/2007 13:43 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

cuatro días de octubre

Día agitado. De movimientos. Casi me parece haber vivido una mañana de las de hace mucho tiempo, de mujer no-madre. Cuando tenía tiempo de hacer de mujer-(buena) esposa. Vamos, que me he pasado toda la mañana sacando la ropa de invierno y guardando la de verano. Esas cosas que siempre hago a destiempo. Seguro que mañana hace un sol de narices y yo no tengo ni una camiseta de verano a mano para ponerme.

La abuela no trabajaba hoy y se ha quedado con E. mientras yo he dedicado mi tiempo a un spring doméstico ordenando y desordenando armarios. A estas horas de la noche creo que ya tengo agujetas. Mañana serán espectaculares. Y es que una ya no está para subir y bajar de las escaleras con tanta insistencia. Además, con este despiste crónico que se me ha quedado después del parto he hecho el doble de paseillos de los necesarios.

Este es el tipo de emociones que me sacuden en los últimos tiempos. La cocina, los armarios. En fin, tampoco está del todo mal. Tantas manualidades me resetean las ideas.

Además, ayer disfruté de un día individual y adulto por excelencia. Lo disfrute, sí. Porque además estuvo muy bien. Todos mis contertulios estuvieron especialmente espléndidos y pude distraerme, relajarme, destensar nudos. Hablar, planear, compartir, identificar horizontes. Y E., se portó en consecuencia, batiendo el récord de horas dormidas de un tirón.

Acabamos de llegar de clase de masaje y está agotado. Ha sido una tarde divertida pero intensa. Demasiadas mamás y demasiados bebés. Ahora mismo nos toca el baño y como T. no viene a dormir, me toca a mí disfrutar del momento dulce. Aunque hoy, tan cansada que me tiemblan los bíceps, casi preferiría cederle el placer.

Ni siquiera cenaré, en cuanto acabemos nos vamos a dormir. Mañana será otro día.

(Fin del recreo)

04/10/2007 20:53 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

dos días de octubre

Retomo la voluntad de escribir un diario (a)emocional. Una descripción de acontecimientos. Es suficiente para practicar la redacción, sin implicación excesiva. Ni siquiera aseguro que sea veraz lo expuesto, en realidad nunca no lo he asegurado. No es fácil decidir qué es real y qué fantasía. Toda yo soy una exposición de experiencias virtuales. En su mayoría imaginadas.

Después de la última toma de la mañana, a eso de las siete y media, E. tampoco se ha vuelto a dormir hoy. Es una costumbre que tiene, y las costumbres es bueno mantenerlas. ¿Podré dormir algún día de nuevo hasta las diez de la mañana? Menos mal que llevo bien los madrugones.

Él inquieto y yo con agujetas, de la fiebre del domingo, imagino. A las nueve de la mañana estábamos ya, en perfecto estado de revista. He disfrutado del segundo mejor momento del día: los juegos previos al aseo matinal. Está especialmente risueño y me dedica las carcajadas más espectaculares del día. El momento estrella, sin duda, es el del baño nocturno. Al que sólo asisto en cuerpo si no está su padre, si está, dejo que él lo disfrute y se vinculen.

Han venido los abuelos, puntuales como siempre (y como nunca), para sacarle de paseo y yo he podido ponerme el delantal. Aprovechando la cocción de las legumbres he invitado a un comensal para venir mañana a casa que enseguida ha aceptado, entusiasmado con mi propuesta culinaria. Es un encanto. Y es que me apetece charlar con alguien que me piropee un poco. Es mi lado más femenino, que hoy está activado. Ummm..., ahora que lo recuerdo, todavía estoy esperando que alguien rechace una invitación de hace tres o cuatro días para tomar un café.

(Paro de escribir unos minutos, pienso y me cabreo. Me sale, en voz alta, una blasfemia conceptual. Por despecho)

Ni una respuesta. En un primer momento me parece raro, pienso «¿le habrá pasado algo? ¿estará bien?» Me entran tentaciones de llamar o escribirle para asegurarme de que todo marcha. Pero enseguida reacciono. No, no voy a hacerlo. Estoy cansada de ir poniendo la otra mejilla. Él sabrá lo que hace. Y porqué. Toda esta historia es demasiado complicada para mí. Me rindo.

(Y en estos momentos siento que es una rendición definitiva. No voy a volver a pensar en esto)

Esta tarde... sí, esta tarde bajaremos a la playa. Yo creo que he dado tantas vueltas a la ciudad que tengo un récord en kilómetros recorridos empujando un cochecito. Y unos gemelos (¡!). Es espectacular cómo recupero el tono. Los paseos también me ayudan a recuperar el buen humor. Es genial.

Mañana compraré vino, y postre (¡!). Será una comida cariñosa. Y es que estoy dulce, risueña, algo blandita pero con ese vértice irónico con el que tan cómoda me siento. Riéndome, de mi misma y mis miserias. Y es que esa distancia objetiva en la que descansa esa ironía es revitalizadora.

El menú de hoy: crema de calabaza y sardinas en vinagreta de ajos.

02/10/2007 14:32 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

un día de octubre

Descalza, en camiseta.

Treinta y nueve de fiebre, delirando. Y sin saber cómo, sin fármacos ni explicación, mi cuerpo remite la calentura. Desde hace un año, estando en Honduras (…nostalgia! y alegría inmediata por haberme atrevido a vivir esa experiencia), no había vuelto a tener fiebre. Al menos no tan alta. No es gripe, ni el estómago, no hay una infección evidente. Una incógnita. ¿La fiebre también puede ser sicosomática? ¿resultado de la tensión de las últimas semanas? El pequeño ensaya una tregua y duerme mientras yo deliro. Esa sincronización sí que es maravillosa.

Si la salud me lo permite, me pasaré la tarde cocinando. Tengo que preparar la comida de T para esta semana. No me quejo, me apetece. Haré lentejas y llamaré a mi jefe para que venga a comer. Son su plato favorito. También haré un bizcocho de chocolate.

Hoy duermo sola.

Camino por el calendario, buscando los días que quedan, me parece poco tiempo. Respiro hondo. No debo pensar en eso todavía.

Sorprendida. Hacia ocho años, al menos, que no te veía. Había intentado localizarte pero ninguno de los dos conservaba teléfono ni dirección. De repente, en un lugar inesperado, una voz. Tienes la voz más bonita del mundo, te lo he dicho muchas veces. Más arrugas, quizás algo más encorvado, pero sigues conservando esa voz que desgrana.

Cómo me alegra verte. Recodarnos (me) en otros tiempos (tópico: los años pasan demasiado rápido). No sé si era más feliz entonces. Tenía menos expectativas puestas en la vida, eso sí. Ahora ejerzo demasiada presión, inconsciente no premeditada. Aunque el verte me ha servido para (re)entender algunas cosas. Siempre es lo mismo. La historia se repite, cíclica en todos los niveles.

Cómo me alegro de que hayas conocido a E. Él, otro tópico, es lo mejor que me ha pasado. Cada día más. Sobre todo ahora que hemos enfilado definitivamente, con optimismo y fuerzas renovadas, el camino del aprendizaje mutuo.

El menú de hoy: sopa y lomo con setas, al horno.

01/10/2007 14:12 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintisiete días de septiembre

Empiezo a escribir sin saber cuando tendré que acabar. Ahora E. duerme, dulce, pero no sé cuando dejará de hacerlo. Es imprevisible. Ese no saber nunca qué vendrá dentro de un rato, esa incertidumbre, es lo que me descoloca. Tan acostumbrada como estoy a no dejar nunca margen. Aunque creo que está empezando a gustarme esta anarquía. Descubrir que también se puede vivir sin planes. O que cierto desorden puede ser divertido.

Ha sucedido algo maravilloso, me he dado cuenta de que me encanta estar con mi hijo a solas. Disfrutarlo (nos). Y aunque hecho de menos mantener una conversación adulta sin hablar de bebés, el día a día con él, supone un aprendizaje más que interesante.

Bailamos por el pasillo mientras se oye «La tormenta» de Krahe, hacemos gimnasia en el suelo, salimos de paseo, le canto «La pastoreta», escuchamos a Serrat y a Pachebel. Le muerdo la nariz, le digo que le quiero. Le arrullo cuando llora, le preparo el baño, le hago pedorretas en la barriga mientras le desvisto y le masajeo antes de dormir. Él como premio me sonríe. Y con eso me colma, me rebosa más bien.

Con su padre las cosas están estáticas. Está en otro lugar, en cuerpo y alma. Esta semana nos hemos visto pero su cabeza no está con nosotros, tiene otras preocupaciones. Está de mal humor y cansado. Intentando hacerse al cambio, imagino. Agobiado por los madrugones y la densidad del programa. Va a apuntarse a unos cursos opcionales de comunicación que ni siquiera puntúan. Esos días saldrá aún más tarde y no vendrá a dormir. Casi nunca discutimos pero fue la gota que colmo el vaso. Yo estaba cansada (mucho), veinticuatro horas son demasiadas horas, tenía ganas de verle, de hablar con él, de explicar y escuchar. De pronto me dice que vendrá poco, intuyó que para él es un descanso no venir y no puedo evitar que las lágrimas vayan cayendo, sin decir nada. Ni siquiera un reproche. La responsabilidad le supera, además necesita tiempo y en casa no lo tendrá. Pero me hace daño pensar que necesita alejarse. Es una actitud egoísta. Siento que le estorbamos. Lo peor: sentir que le estorba él. Me descubro sola. Dice que no le entiendo y yo pienso que no es justo que diga eso, me estoy esforzando por él. Precisamente porque le entiendo.

Nos hicimos daño. Sin discutir, sólo fueron palabras. Y lágrimas. Le dije que su hijo y yo no éramos su prioridad en estos momentos, y así lo siento. Que tenía otras cosas que ordenar. No quise ser cruel, sólo expresar lo que sentía. Que fuera de estas cuatro paredes le estaba sucediendo la vida y que sin embargo a mí, me estaba sucediendo de paredes hacia adentro. No hay culpables, estamos en frecuencias distintas.

Ser madre no es lo mismo que ser padre. Por muy buen padre que se sea. Ayer lo vi claro, más claro que nunca. Ante la misma presión, el mismo cansancio, las mismas ganas de salir corriendo, para una madre sólo está su hijo. Es algo muy animal que no he visto en ninguno de los hombres que conozco. Creo que el vínculo alimenticio tiene mucho que ver, es extraordinario, al darle el pecho es como si todavía fuéramos la misma persona. Sin embargo para su padre el amor es infinito, pero racional. Para su padre es su hijo. Son dos.

No sé como acabará esta aventura. Cansada, a ratos triste, la mayoría de momentos absorbida por la situación. Feliz de fondo.

Mientras el bebé duerme la siesta pienso en lo mucho que están cambiando las cosas. En la etapa tan exigente, tan poco yo, en la que estoy inmersa. No es la primera vez desde que estamos juntos que pasamos momentos difíciles. Supongo que esta vez también pasará y volverá pronto a su sitio, o algún otro sitio en el que el día a día sea cómodo y no pese en exceso. Las noches volverán a tener ocho horas y volveré a tener conversaciones interesantes con la gente interesante que me envuelve. La vida seguirá su curso. O fluirá. Yo sólo tengo que dejarme llevar. Dejarme mecer.

Si al menos tú estuvieras más cerca. Pero no, tú también te alejas. Como todo lo que me rodea. Y yo cada vez más cerca del centro. Del centro de mi misma.

27/09/2007 18:59 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

diecinueve días de septiembre

Respirar con la mente, para no ser demasiado irracional. Para no pagarlo de forma visceral. No hay ningún culpable, las cosas a veces suceden así, en el peor momento. Y no se planean. Ya sabemos los horarios, empieza el lunes. Lo lógico es que no venga a dormir, lo sé. Apenas cinco horas de sueño. No sería justo pedirle que lo hiciera. Si se lo pidiera, lo haría. Pero no puedo evitar enfadarme, o ponerme muy triste, al entender lo que se me viene encima. “Son sólo nueve meses”, dicen para animarme. Y yo pienso, ¡¡Nueve meses!!

Supongo que lo que más me pesa es la dependencia exclusiva del bebé. No sé si estaré a la altura, no sé si seré capaz de estar veinticuatro horas operativa para dedicarme, en cuerpo como mínimo, a sus muchas necesidades. Y es que duerme poco, come mucho y necesita constantemente a alguien que le meza, le cante, le mire, le acaricie.

Durante un tiempo no habrá quien me sustituya cuando el niño llore a las tres de la madrugada, no habrá baños compartidos, tu enjabonas yo enjuago. Ni tendré con quien desahogarme, ni con quien compartir las nuevas muecas de nuestro bebé. Los días serán enteros (y eternos) para mí, con alguna visita esporádica de los abuelos, que tanto contribuyen a tensarme y llevarme al límite.

No quiero dormir cada noche sola. Ni despertarme cada mañana en una cama tan vacía. No quiero no poder abrazarle (¿cómo destensaré los músculos sin sus abrazos?). No quiero cenar sola, ni tener la responsabilidad del mando a distancia. Si no estuviera el bebé sería distinto, hasta tendría su gracia. Pero está. Y a mí se me hacen un nudo las lágrimas solo de pensarlo. Yo quería tener un bebé y compartir esa experiencia con él. Ahora está el bebé y él se va. Quisiera llevarlo mejor pero hoy me pone demasiado triste pensarlo.

Tengo ganas de llorar. Tantos cambios, demasiados. La gente que me importa se aleja, y yo me quedo en el centro de la circunferencia. Perdida, triste. Queriendo hacer también algo con mi vida y sin saber qué, o sin poder hacer nada. Atada de manos y piernas. Sin poder tomar decisiones porque mi responsabilidad es estar aquí. Y quieta por ahora.

Quizás no sea para tanto. Tal vez mi resistencia me sorprenda. No tengo opción, así es que lloraré antes de empezar y no volveré a pensar en ello. Los días irán pasando y conseguiré acostumbrarme a esta temporal rutina.

¿No debería una (buena) madre querer estar con su bebé a todas horas, sin importarle el cansancio, la falta de tiempo, la soledad…? Sí, por si no fuera suficiente también me siento terriblemente culpable al pensar que... ¿seré demasiado esgoísta?

19/09/2007 15:29 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

quince días de septiembre

“Como siempre, la vida simplemente fluye”.

Entre otras cosas alguien me dijo (o me escribió, lo mismo da) esa frase hace unos días. Fuera de contexto puede parecer una simple apreciación sin trascendencia, dentro de contexto y leída con el estado de ánimo adecuado, ha conseguido destensarme algunos músculos. La vida simplemente fluye, tal vez sea cierto.

Imagino un manantial que nace de la tierra. No importa lo que piense cada molécula de agua, ni lo que cada una decida por separado. En su conjunto, el manantial fluirá. Y el agua seguirá su curso natural, nomás.

Seguramente tiene razón y no es recomendable pensar demasiado. Dejar que las cosas vayan sucediendo, participando de nuestra presencia como individuos pero guardando prudente distancia y sin oponer demasiada resistencia. Menos vueltas para llegar al mismo sitio, menos dolor a destiempo, tomar decisiones cuando sea necesario, sin hacerlo de forma trascendente. Viviendo al margen de la intensidad excesiva, conscientes de que, aunque participemos de nuestro destino, es la vida, siempre imprevisible, la que se encarga de poner los acentos y las comas. También el punto final.

Todo lo que no sea esa forma semi-contemplativa de permanecer me resulta, en estos momentos, demasiado egocéntrico. Es posible que ese sea uno de mis problemas de estancia. Presuponer que, como ser humano, tengo más poder de influencia en el destino final del conjunto que un cangrejo de mar. Siempre pensando en clave de tiempo. En lo que fue y lo que será. Olvidando lo que es, o quitándole importancia. Siempre planeando, desgranando, descuartizando. Esa actitud sólo puede llevar al desengaño, o al cansancio. Y sí, puede parecer que el placer de creer que las riendas están únicamente en manos de nuestra voluntad merece la pena, convirtiéndonos en seres seguros de nosotros mismos, autosuficientes, pero es un placer completamente efímero. Incluso perjudicial, porque es adictivo y acabas entrando en la rueda de ejercer, cada vez más, una falsa autonomía sobre tu destino inmediato. Y eso supone un estado de responsabilidad y tensión insoportable. Sin embargo, si pensamos que no todo depende de nosotros, que hay un curso natural de las cosas que se escapa a nuestra voluntad, la presión disminuye.

Lo pienso en serio, no es una ironía. Y no confundir con apatía o falta de estímulo. Este dejar fluir los días es más bien una aceptación de nuestra presencia no-especial en este engranaje, de nuestro formar parte de un tiempo que pasa y pasará. A nuestro pesar, o para nuestro descanso.

Doy vueltas a lo que me taladra, pero me digo "pues, es verdad (¡!), no es neceario decidir ahora". Dejar que llegue el momento a ver cómo llega, si es que llega, sin presión. Y sí, puede parecer que la decisión tiene que ver con él pero en realidad tiene más que ver conmigo. En realidad, con él, ha tenido que ver la resistencia a marcharme. Es decir, no es nuestra situación la que me induce a querer dejarlo, más bien es por él que he permanecido allí los últimos años. Él daba luz a esa oscuridad. Pero si no está (o incluso estando) esa luz ya no tiene sentido. Las cosas están cambiando, hay que permitir que lo hagan, sin más.

La clave está en, seguir funcionalmente (subsistencia) mientras dirijo mi energía hacia otros aspectos fundamentales de mi vida, o arriesgarme a encender otra cerilla en algún otro lugar. Claro que asusta no saber dónde ni cuándo, ni siquiera qué. Por eso es importante ese “la vida simplemente fluye”. Me deja espacio, permiso para actuar y observar las consecuencias, sin mayor implicación que la necesaria. Porque tú decides, pero es la vida la que te conduce.

Siento que una parte de mí sabe qué debo hacer, que lo sabe desde hace tiempo aunque se resista enormemente. Por eso viajes, especialistas o nuevos horizontes no sirven más que para paliar el instante. De ahí la permanente inquietud.

Me asusta volver a empezar. Me da miedo esta vida recién estrenada repleta de responsabilidades. Me da miedo hacerme mayor y desaparecer. Por eso, el escucharle decir en clave resignada pero al mismo tiempo agradecido de que así sea, que la vida fluye, me descongestiona.

Es como sentarse en una hamaca y esperar a que se nuble o salga el sol, dispuesta a aceptar, consciente de que no depende de mi voluntad. Es mucho más relajado que pasarse la vida volando en busca de un rayo de luz.

15/09/2007 23:36 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

seis días de septiembre

Descalza, sobre la arena infinita de un presente abrumador.

Pensamientos bañados en aceite de almendras dulces, casi macerados por las horas que pasan y espesan. No hay tiempo para pensar demasiado, ni siquiera para saber qué día marca el calendario. Aunque sí para intuir que son demasiados sin saber nada de ti, tal vez te llame. O tal vez espere que tú lo hagas.

Se concentra el jugo que destila mi cuerpo y se endulza al olor de las horas pasadas a la sombra de algún roble. Ni siquiera el espacio tiene una consistencia sólida, todo es volátil, casi efímero. Pero no como en los sueños, es efímero como en los cuentos. Frágil.

Ayer fue un día difícil, en conjunto. Dormir poco, casi todo el día sola con él. Demasiada voracidad para un cuerpo tan minúsculo me tuvo concentrada en exclusiva en su alimentación. Ayer lloré de desesperación, por primera vez desde que está con nosotros. O fue por cansancio, no estoy segura. Fueron sólo dos lágrimas, una de cada ojo. En seguida limpié la humedad con el puño, me vestí, le vestí y nos fuimos a pasear. A la vuelta, los dos más tranquilos, decidimos no tenernos en cuenta nuestra mutua inexperiencia y seguir mirándonos con profundo amor durante el resto del día. Entendí que sus lágrimas eran suficientes para los dos, que las mías no eran necesarias. Y es que estamos a aprendiendo.

Ni cinco minutos cerró los ojos hasta las seis de la tarde. Es nervioso, el único parecido que guarda con su madre, dicen. Pero yo sé, por su forma de mirarme, que tenemos muchas más cosas en común.

Supongo que ahora que T. no estará para mimarnos (¡qué necesarios son los mimos!) debería empezar a acostumbrarme a no tener treguas. Ahora que nadie me dirá a todas horas lo preciosa que estoy, ni exaltará constantemente mi nueva labor como madre, ni cogerá al bebé para calmarlo cuando mi lagrimal esté justo al límite. Ahora que empiezo a bajar de la nube en la que he estado instalada las últimas semanas, la realidad siempre supera lo imaginado, acepto que van a ser unos meses agotadores.

Demasiado desconectada de todo lo que me une a mi entorno, amigos, trabajo, pasatiempos. Demasiado él, a penas yo. No puede ser de otro modo. En este momento yo soy él, él es mi expresión. Encontrarme desnuda pensando en algo que no sea su bienestar, su calma, su sueño. Cambios a los que procuro habituarme despacio, no voy a dejar que trasciendan demasiado. Salgo a la calle, paseo, asisto a clases de lactancia y masaje infantil, convenzo a su padre para que vaya al gimnasio, aunque yo todavía no haya sido capaz de separarme de él. Las rutinas deben cambiar lo justo y ese es mi objetivo. Me compensa mirarle y descubrir que es (será) un niño feliz.

Las contradicciones deben ser lo habitual, miedo a la nueva situación, a lo desconocido. De todas formas me siento preparada y dispuesta, salvo algunos segundos de impotencia en los que tengo ganas de llorar. Ni siquiera de salir corriendo, al menos no sin él. Porque ya se ha convertido en lo más valioso de mi vida.

06/09/2007 12:52 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.

veintinueve días de agosto

Tiempo de silencio, en penumbra, como escogiendo los pensamientos para no sentirme abrumada de pronto al reencontrarme con mis preocupaciones cotidianas. Música de fondo. Tiempo de recuerdo, o conclusiones ajenas al movimiento de las últimas semanas. Pensamientos que tienen que ver con la vida que llevo. Pensamientos que reflejan un antes, nada que ver con un después.

El pecho derecho me va a reventar. E. empezará pronto a llorar. Las treguas son cortas.

Cada día unas letras. Es un modo de no perderme, una forma de no echarme de menos.

29/08/2007 20:09 Autor: voces. #. Tema: Diario de diario No hay comentarios. Comentar.