Se muestran los artículos pertenecientes al tema Donde habite el poema.
pum-pum
Correr la sangre,
espesar la lógica con vaho,
y
el principio de gravedad, en el centro de la frente.
Vuelvo a ser ciervo que corre.
...
determinar a que temperatura se desintegra el pasado
–o se congela el presente–
se establece una especie de código con tu alma
que sólo tú entiendes
y eso te convierte en viento, que gira cola,
en liviana imagen de tu semejanza
en etérea dormidera
en luz, tenue-fugaz
en casi mentira y medio broma,
pierdes cuerpo, ganas espesura
aprendes a transgredirte para ser tú misma, sin complejos,
para ser una idea fulminante
para ser un cielo-raso pensamiento
y te dejas llegar, sin punto y aparte.
25 de enero, 1
Amé, amé, amaste
Tu cuerpo, el mío, unidos en carne y pliegues
como si fueran uno, el mismo.
Amé tu arruga
amé tu vientre
tu pezón oscuro, pequeño y salado.
Amé tu voz
bajé a tu cuerpo,
repartí aliento y saliva
desde la punta de mi lengua
hasta la piel de tus huesos.
Y llegó la mañana corrupta
con su pomo de luz y violetas.
Se agrietó tu efímero perfil.
Amé, amé, amaste.
Tu cuerpo, el mío, durante un segundo eterno.
25 de enero
Al llegar al vértice del frío
gélido
de aquella mañana de ausencia,
como tantas otras mañanas,
me puse a deshojar el olvido
despistada, como ausente.
Pasó el día
llegó la noche
y mis manos seguían deshojando recuerdos.
Sin embargo, ya no hacía frío.
La escarcha,
se había convertido en una bocanada de aliento
que salía de tu boca
hasta mi nuca,
y se esparcía por todo mi cuerpo.
Soplo tibio. Como todo cobijo.
Destino: gen 37
Porque sabemos de miserias escondidas en corazones ineficaces
a veces, nos compadecemos
en la noche
recostando la cabeza en el sueño.
O en la lágrima. O en la lágrima del sueño.
No re-escuchamos el eco devuelto de los sermones paternos
pero permanecen, impolutos, guardados en el pliegue de un pañuelo.
Nos hemos hecho a imagen y semejanza de mocos ajenos.
Levantando la falda
sacando la lengua y fingiendo orgasmos,
destronando tronados de reinos y chisteras.
Todo desacato por desacato que parezca, es heredado.
Aprendemos la lección que nos estaca al suelo
que nos impide deambular.
El objetivo es pluricelular,
respondemos a un engranaje que quiere sobrevivir y perpetuarse.
Sin riesgos. Mejor pisar sobre huella que sobre mojado.
Ni siquiera sirve el escarceo – de amores, mal de amores –
O el lavado de conciencia
O la esclavitud
O
Ni siquiera sirve de nada morirse.
Descarte de letras
Yo rozo tú.
Tuyo roce mí
y erizo me.
esperaba
Te esperaba.
En la luz de las luciérnagas, en la sombra del gran roble a la entrada de la aldea, en el silencio sobrecogedor de tu respiración al otro lado del atlántico. Te esperaba buscando el sueño en la habitación de detrás de la cocina, dejando pasar los días huérfanos de viejos pensamientos. Oasis lejano de paz, de calma. Un descanso de tu presencia pragmática, un deseo de espacio y lejanía huyendo de ti. Por fin atreverme a dar un paso en soledad, un destete necesario.
En el fondo sólo te estaba esperando. Una vez más.
Esperaba, en el olor a maíz. En el sonido rítmico de quien ha amasado miles de tortitas, en la leña al arder, en el agua hirviendo en el cazo metálico. Cal blanca en las paredes de adobe y zinc. En el olor mojado del agua que huele a agua, el sabor amargo de las juñapas, el ácido de la lima y la naranja, el paladar rebosante de humedad seca al sol de octubre. Esperaba en la música que proviene de las entrañas de la tierra, en la respuesta a la pregunta divina. Tu medianía, horma perfecta a mi no querer necesitar nada, ni a nadie.
Sabor a plátano frito, frijoles con queso de cabra. Los platos sin cubiertos rebosantes de arroz, comer con los dedos, con la lengua. Volver a confiar en mi capacidad de decidir una dirección.
Pero en el fondo sólo te estaba esperando. De nuevo, una vez más.
Desorientada, tomando decisiones en firme, sabiendo que echar de menos no es sólo ocupar el pensamiento, ni las horas. Ni siquiera formar parte en exclusiva de una imagen. Echar de menos. Oler a cada instante, el tacto, la piel, sobre todos los ojos. Ojos grandes, almendrados. La expresión cerrándose en la circunferencia de tus pupilas. Apagándose la última vez que las vi.
Te esperaba. Una vez más.
En el fondo sólo era eso, pero tú nunca acabaste de venir del todo. Siempre a medio camino, agitando el pañuelo. Deshaciéndote en una lágrima hasta desaparecer por completo. Siempre estático, sin moverte del umbral.
la mirada de esos ojos
En el talle curvo y oscuro de esa mirada de porcelana
se gesta el embrujo
tras esos ojos, un mundo de pensamientos
olores color violeta
sabores de viento-algodón de azúcar.
Mirada dulce, plegada por sus esquinas, recogida y discreta.
Detrás
de esa mirada taciturna, a veces triste,
que hace como que espera o espera en vano,
hay un siglo de ilusiones fugadas,
pestañas sin sueños que ya no creen en milagros.
Es la ausencia de expresión la que endurece sus caricias.
Pero observándola desde donde yo la veo
allá donde nace el pensamiento y se hace espeso
puedo ver
que en la mirada de esos ojos,
tras los cristales oblicuos de sus pupilas vueltas hacia mí,
descansa la esperanza eterna.
Sin tregua para la derrota.
Versario de movilidad en tiempos revueltos
BARCO
A lo lejos
en la espesura de las olas, tan cálidas como retornadas,
que dibujan caracolas de humo y espuma
donde el barco y la vela atraviesan el horizonte,
donde escuece la vista, inmóvil en el naranja del sol
que se esconde tras la roca dentada
…se huele tu recuerdo.
Tras la roca dentada
tras el naranja del sol
tras el barco y la vela que atraviesan el horizonte
tras las caracolas de humo y espuma
tras la espesura cálida de las olas retornadas.
A lo lejos.
TREN
Pasajeros de lágrima a pie de ojo
recogen nubes que sobrevuelan el andén y las pinzan con la cinta del recuerdo.
Raíles.
Serpientes de polvo y piedra que huyen y se reencuentran.
Es el viaje, lienzos en movimiento doblan árboles y acuarelean matojos.
Trenes que aran tierras aún imberbes para sembrar nuevos sueños,
trenes que huyen
del frío del alma, cuando todo pasado cabe en un altillo.
Se oye un silbido y veo alejarse tu recuerdo.
De pie, oculto en la mañana de algún lugar exótico y azulado, se deshace agitando el pañuelo.
AVIÓN
Como lanza afilada atraviesa el cielo
inalcanzable en su torbellino sin plumas,
de origen a destino.
Dividiendo en dos el momento exacto de reencontrarnos.
CARRETERA
Asfalto
gris, calor
al huir se deshace la suela del zapato, de goma.
El camino es agua, como un oasis infinito de sudor y sudor
la guitarra se oye al fondo del desierto
acompañada del crujir de un árbol seco, perenne o muerto.
El sabor siempre es dulce mientras huyes,
como los sueños hacia los que caminamos
hierba
verde, rocío
huir es como caminar descalzo por un suelo de espuma.
...
Todo fue creer que algún día,
y así pasar media vida esperando.
De nada sirve la claridad que el rayo ciega
ni aguda ni cristiana
humana, con todos los dedos de la mano
y engendrando uñas para el ataque.
No deja de sorprender cuando viene descalza. La muerte desgarra. Y te deja una sensación de vulnerabilidad, de mentira. De que todo es falso o innombrable.
¡Ojalá esta vida haya tenido sentido para ti, ojalá hayas sido feliz!
No
No a la respuesta que marchita la duda
No a los domingos frígidos de cuentos
No al fracasado que se burla del poeta
No a tus labios como patria de mis sueños.
No al cobarde de los planes de pensiones
No al que obstruye la vena del respeto
No al que enciende velas por mi alma
No al llanto de fundirme con tus huesos
No a los miopes de rancia humanidad
No a los que trafican con deseos
No a la letra pequeña de los contratos
No a las esquinas de saldo de tu cuerpo.
Después de
Después de tantos días
De no poder gritarte bajito al oído,
De despeinarte con la punta del recuerdo
De extrañar la ausencia de tu cuerpo
Después de tantos días
De reinventar casas por la ventana
De escondites de ratones sin memoria
De tararear a medio gas tu melodía
Después de tantos días
De pensarte en porcelana
De estrujar tus confesiones sin palabras
De revolverme por los retos de tu piel
Después de tantos días
De cansancio
De sed
De desagravios
De lunas de hiel
De soledad-calendario
De trompetas y bocinas
De razones y rosarios
Después de tantos días de respirar sin ti.
Epitafio carnal
Cuerpo,
que desciende a los confines de lo indigno
para mostrarnos que bello es lo bello,
incluso alcanzado el límite.
Cuerpo, magullado de arrugas
insomne profundo,
durmiendo en el regazo acolchado de la eternidad.
Cuerpo, que entrará en el limbo de los huesos
y esta tarde sólo será pelo y uñas.
Cuerpo, que no volverá a ser reconocido,
ni abrazado, ni flagelado.
Cuerpo, en el que me cobijé unos segundos eternos.
Toda una vida.
Cuerpo. Carne entumecida que se desvanece,
sin mí.
Égloga salada
[Estando Mistral y Garbí, sentados en una roca, observando como se difuminan los barcos en el crepúsculo...]
Mistral:
Los barcos tan lejanos
se confunden en nuestros horizontes,
olas del mar los mecen
como aire a los vilanos.
Figuras pardas, estoicos bisontes,
son sombras, nunca crecen.
Garbí:
Sus viajeros, nunca creen que el viaje,
aventura temporal,
haga escala perenne en su mirada.
No creen que el mar influya en su viraje,
ni el aroma del coral
ni la salada negrura estrellada.
Y a su retorno, no habrá carruaje
que los devuelva a su dulce morada
sin resultado moral.
Mistral:
Hay viajeros, puede ser,
a los que una vida de travesía
surcando el temblor del mar,
los conduzca a perecer
al mismo lugar de partida, día
que los condenó a marchar.
4 de junio
Este estado de déjà vu infernal y permanente se reduce a la madeja de Penélope.
No es que no acabe,
es que cada día, cuando se acerca la noche, deshago el progreso.
Nada a estas horas que me queme más que tú, en esencia y riesgo.
Regreso al principio,
a besos teñidos de melaza, dulces, suaves, cónicos.
Tristeza, o nostalgia,
al saber que no puedo desandar los días para deshacerme de nuevo entre tus dedos,
que tampoco lo reencontraré andando hacia adelante.
Durante horas, cual esposa que teje anhelando el regreso a Ítaca de un ser mitológico,
retrocedo en el camino andado hacia el olvido.
Y reapareces en el altar.
Necesito oler tu piel de nuevo.
Enciendo una vela.
Voluntad de recorrer suave, con dedos y lengua. Lenta en caricias.
Volver a ser silencio mirándote a los ojos.
11 de mayo
Se oscurecen los ojos que miran al cielo
borrachos de amor de vigilia,
la nube que gira y baila
da forma a un milpiés de espuma,
tus ojos me cuentan un cuento de hadas
eres sabio y solemne
sabio, solemne y viejo
Mechones crepusculares
escopetas de vértigos
torres hechas de papel para la noche de un aguacero
corsés de porcelana
el paso del tiempo que
cabizbajo,
con bastón y raya al lado,
casi calvo en la visión del segundo que se aleja convertido en año,
se despereza
torpe esquimal, f r í o
como dos docenas de arbustos sin flores
como nostalgias reflejadas en el espejo del mal
como tus manos conservadas en aceite
como la definida imagen de una rosa
que de pronto se desvancece al simple roce
al tocarla
al entregarla a la pasión del suave tacto
de la no-tersa piel
de tu voz ajada en años y miserias.
tic-tic-tic
coge mi cintura
cierra los ojos
- ¿lo escuchas? -
balancéate al compás.
Es mi pulso por ti.
Imagen
Entraste por la puerta
como saliendo de una chistera
mágica en esencia
difuminada por la oscuridad y el reflejo
y supe que de haberte conocido antes, te habría amado siempre
Desde la atalaya de un taburete de bar
cruzaste las piernas
indefinidas y eternas, como un suspiro dentro de un sueño
mordido el labio inferior
los ojos sonriendo despistados
el pelo cayendo a un lado
revuelto, como de belleza sin domesticar
exagerada en la perfección de tu postura
extrema
y supe que de haberte conocido antes, te habría amado siempre
Pestañas de azúcar
ojos desapercibidos y almendrados
lengua y dientes rozando en la distancia la copa helada
dedos seductores jugando a estar ocupados enredados en tu pelo
temblor indecente de labios entreabiertos
seduciendo al aire
flotando
Tu perfume se acercó
me acompañó a la puerta de salida y educado me acercó el abrigo.
En la calle el invierno no era frío y se había fundido la luz de otra farola.
Despedida
Pude mirarte más tiempo
hasta que acabaras de soplar mi nombre con los ojos
pero me dolían las manos del frío
y no quise quedarme a escuchar el tricanto del gallo
Nunca hubo mentiras
ni verdades
en realidad todo lo que hubo fue nada
Era otoño en aquella esquina
las hojas se resbalaban de las ramas al charco
el pelo suelto, el viento de cara
como desafiando a los nudos de nuestras palabras
tú enrollado en la bufanda
negándome la vieja tentación de tu cuello
yo con las uñas clavadas en las palmas de las manos
Pude quedarme a escucharte decir cuánto me amaste
tomar un café juntos
decir que yo también te amaba
pero es amargo el silencio cuando es vacío
cuando es silencio mudo
en el que ya no crecen palabras
un beso discreto en la mejilla
te quedas mirando un semáforo
me pierdo en el reflejo rojo de tu mirada
sabes que esta vez no volveré al final del otoño
por eso de tus ojos cae una lágrima
por eso de mis ojos cae una lágrima
Cambios
Los muebles, desordenados
el orden es lo de menos
los espacios trasmutados, intercalados los valores, los factores alterados por el producto
resultado de mudanzas emocionales: alfombras tendidas en la ventana
y el viento
que no cesa de soplar con fuerza
cada vez más fuerte
tan fuerte que se llevará la alfombra
…si la dejo volar
el viento se encargará de la magia
sólo hay que creerlo
empezar a volar subida en la alfombra
volar
volar hacia dentro del espejo
Fracciones del primer acto
deshacer
con la punta de los dedos hacia fuera
el pliegue que descuelga de tu mirada hacia abajo,
desnudar párpado que sonríe
y despertar pestaña que duerme.
arrullas el ojo,
como nana de primavera,
y brota el gesto torcido de un guiño sensual.
Guiño que me guiña y hace eterna.
I
En el oscuro arrecife donde el coral se suicida
siento desvanecerse el tiempo liviano,
cual pompa de jabón.
Manual para marchar
Después de leer “Manual para dejar marchar”, no lo he podido evitar.
Despídase de los justos
con abrazo sólo a los vinculantes sanguíneos
al resto basta con una palmada en la espalda
sin demasiada implicación
ni lágrima rota.
Si no quiere alimentar la intención de retorno
no diga nuca eso de
“nos vemos a la vuelta”
la gente cree esas cosas y espera media vida.
Nadie espera una vida entera.
No se lleve nada que le recuerde a usted mismo
para dar pasos nuevos
tiene que olvidar los pasos dados.
Zapatos cómodos y calcetines de algodón.
La maleta ligera. Que no pesen los vicios.
Marche por la noche
con nocturnidad, alevosía y cara de pocos amigos
evitará que los vecinos se atrevan a preguntar
y que le brille el lagrimal al reflejo del sol.
Mire por la ventanilla del coche, tren o avión
con apariencia distraída, hacia a fuera
suspire hondo
y con gesto dramático diga en voz alta aquello de
“siempre nos quedará París”.
Cuando uno marcha
se va de
pero llega a,
es fundamental que no se le olvide.
en el justo momento
en el justo momento se contraen los espacios
en el momento de demostrar se me ven las vísceras
en el justo momento resulta ser el momento de agachar la cabeza
lo que creía haber aprendido se vuelve pulso en el justo momento
y la mente se arma como vencedora
directa al nudo del estómago
en el justo momento no aprenderé nunca
siempre aprendo más tarde
en el justo momento soy analfabeta
y no sirve de nada que me hayas enseñado a leerte el cuerpo
en el justo momento de decidir, decido lo incorrecto
la palabra más inoportuna
el gesto más frívolo
el tono de voz más astillado
la mirada más vacía
en el justo momento escojo justo lo contrario
siempre
sudor etílico
El Sentido suda
la vida es
emoción, agua y dolor de cabeza
dos segundos de agonía, uno de calma
sonrisa liposoluble en lágrimas de helio
Sudan las palabras que resbalan.
Preguntas si ya no recuerdo que prometí amarte hasta mañana
pero el sudor se lleva las promesas
y un día es poco tiempo para un amor que suda lágrimas
las esquinas de los cuerpos cínicos, como el mío,
se desdoblan por la cercanía de brazos como los tuyos
y el abrazo se deshace en agua
la corriente se lo lleva todo, hasta el sentido de las palabras
Un contacto en tiempo nimio, bideseado,
necesario para dejar de sudar lágrimas
demasiado difícil de programar para sudarlo juntos
a partes iguales
mejor que cada uno lo sude por separado
Sudor lagrimeando perlas
beberte quisiera
comerte
chuparte el pensamiento
secarte con la lengua el sudor perlado mientras te alejas
cada día más opuestos a la bisudoración simultanea,
o más cerca,
el agua que sudas no me deja verte los ojos, ni las ideas
y se mezclan los sudores,
siendo el mío ajeno y el tuyo, propio.
Descalza me arrodillo en el centro y agacho los ojos,
ahogándome de calor.
imágenes de piel
“Lía con tu pelo un edredón de terciopelo que me pueda guarecer, si me encuentra en cueros el amanecer”
Busco,
el compás en tus dedos suaves
perfectos-sutiles
dibujando el contorno de mi cuerpo de arriba abajo, con las yemas de gallina
Busco,
un roce de paciencia
lento-mágico
como todas las cosas que son sólo una vez, y una vez son, acaban para siempre.
Busco,
la humedad que te enhebre a mi piel desentumeciéndome del tedio-rutina
Enrédate a mi ombligo
deshaz la punta de tus dedos escalando, de una sola caricia, de mi tobillo a mi cuello
mírame a los ojos sin parpadear, intensas tus pupilas fundiéndose en mí hasta rebentarme el pulso
siluetea mis caderas, tensas, adueñándote del contorno que me rebela como fémina ardiente y viva
Quiero tu aliento soplándome cada poro de piel
estar desnuda encima de ti y que el temblor de tus pestañas enerve mis pezones, rígidos de cercanía y deseo
y sentir tu lengua subiendo por la delgada línea que va de mi clavícula al lóbulo de mi oreja
para susurrarme de nuevo, como aquella vez que soñabas y ya no recuerdas,
“mía es por fin hoy tu piel, la piel más suave del mundo, toda de una vez y para siempre”.
...devuélveme
¿Por qué cada vez que te sigo con la mirada me tiemblan las pestañas? –no consigo entenderlo a mi pesar-
y
se me pone el corazón en la boca
y
se me resbala el palpitar por la garganta, bombeándome la vida.
Aléjate antes de te muerda los dientes o te sude la sonrisa y sea irreversible.
Deja de mirarme así
o puedo perderme en el fondo de tus ojos y ahogarme en su eternidad para siempre.
ocho
En un rincón oscuro
de buenos días grises
y cartón piedra-abandono
lamo las sobras de tus migajas.
Como herida de amor que sangra.
siete
Es el meridiano casi-vacío de tu distancia
exagerada, pragmática, despistada
que por fin escuece lo justo: Nada.
seis
Calor en la mañana del abrazo
ni pena ni gloria
indiferencia que rompe y rasga
pestañas de acero ya no lloran desengaños
pensamiento vuela a un sueño
arranca rosas con los labios
y se traga las espinas.
Escupe impaciencia.
I-lógica
Poseer sin sentido hasta al abismo de la lógica,
nada nos acompaña al silencio prolongado
o eterno
sólo el rumor del último suspiro
ante la puerta, manos vacías
y el corazón despojado temblando de frío
o miedo.
Prisión
Bordeó con los dedos el círculo que se mordía la cola y se tragó la llave de la liberación,
encadenándose para siempre al trayecto.
Toda la tristeza se vistió de luto en sus ojos.
Sueño
Sólo un beso recuerdo al despertar.
Anulado a conciencia se extiende,
se alarga hasta el sabor de tu boca.
Reconozco tu aliento.
Tacto de una lengua áspera.
Querer, no poder, deber a medias.
Vacilar.
Deseo y lengua.
Lengua y aliento.
Saliva.
Sólo un beso recuerdo al despertar.
Se me clava el puñal
que no hiere, asfixia
entre clavícula y esternón,
del lado izquierdo,
donde muere el corazón.
Despedida
La luz cortaba la lánguida
la lánguida cortaba tu perfil
bebiste mi lengua,
sudaba lágrimas
– Tal vez vaya.
Te esperé hasta el final de la noche.
Ausencia
Cuando no te veo
te presiento
te huelo
tras tu reclamo me ofende el desierto
ando hacía atras
repisando tus huellas,
de nuevo no entiendo tu siginificado.
No hay tiempo para someternos
ni interrogarnos
a fuego, estoque
sin negociar penitencia.
Más tarde,
la ausencia se reconvierte en frío
en el que te presiento
en el que te huelo.
Voluble lienzo de tentaciones carnales.
cinco
En el fondo de la noche
silueteados frente a mi paso
árboles silenciosos
como tapiz onírico lejano
dan forma al lienzo bello de lo inmóvil.
cuatro
a mis labios
por si acaso me roza o me tiemblame vibra en el tímpano.
Silencios de amapolassordas
que no entiendo.
Si se cae una pestaña, sopla fuerte.
tres
Llovió ayer
hoy no se traslucen los destellos del sol que amaneció.
Se acerca callada la sombra de tus pasos
se nublan las miradas que entre ellas no se distinguen
sólo las reconoce nuestra intuición.
Nos separa la suciedad de las verdades que decimos con silencios.
A un lado del cristal estás tú,
al otro yo,
separados por un montón de gotas de barro.
dos
corren por las venas de la noche
inundando desisertos.
Te
lengua
espero que la tristeza callada de otoño
la lluvia
me traiga el poema que quieres leer.
la frase con la tengas la certeza de que son tuyos
los pensamientos
la saliva
la caricia
pero no llega la palabra que me despierte
a la entrega de mi íntima
luz
pestaña
te regalo un cuaderno para que me escribas un beso
el más profundo
con el sabor de la lascivia implícita
delicioso pensar que puedas pensar qué
jugarte de nuevo
sentarme en tu recuerdo
lleno de palabras escritas
de cerca o de lejos.
el romero florece sin traer tu verso.
ansía, prisa y ganas
llega la calma del abrazo
el helado de vainilla
la torcedura del orgullo
la risa o carcajada
la no-contención
la caricia
Cuando se acaba el ansía de amar con prisa
llega el beso en la comisura de los ojos
la despedida somnolienta
el suicidio de lo incómodo
el diario o cotidiano
el calcetín
el gesto
Cuando se acaba la prisa y el ansía, si quedan ganas.
Perder el tiempo
se oscurece
en los pliegues de los sueños
de tallos secos de lavanda.
El tiempo se pierde
se busca
redobla y se cruza
se endulza, con sal y pimienta.
El tiempo se esconde
tras la esquina de la arruga,
saca las uñas
me araña los ojos.
El tiempo se ovilla
a los pies de la cama
duerme y espera,
seca la uva.
El tiempo se encuentra a sí mismo
y se muerde la cola.
uno
que como granos de duna vuelan lejos
al mar,
en el que habitan peces de colores del pretérito.
Soneto I
de labios llenos de madura ausencia.
Agosto, sudor de mi cuerpo sentencia
tu abandono verdugo, de estepa.
Olor a espliego por mis piernas trepa
muslos vacíos suplican clemencia
hueco mi cuerpo sangra penitencia.
No resta aroma que a tus huesos sepa.
Con tomillo, canela y campanilla,
perfumo las huellas de tus caricias
de lavanda y romero, o manzanilla.
Ya que no puedo tenerte conmigo
me reconforta tu aroma-presencia,
con el olor de tu cuerpo, me abrigo.
plan
se sublevan en protesta del cansancio extremo
arrastro mi piel por los pasillos del exceso
y
pierdo el control de mi cuerpo
mañana mataré al despertador
Paradoja
pero
su vacío
me llena de un hueco que quiero rebosar tan solo contigo.
Alquilo un cesto de mimbre,
a gajos madura y se desgrana mi presente
voy a necesitar de tu saliva para recomponerlo.
el silbido, la pestaña, tu pelo
pestaña, voltea el ojo
y tu pelo ondea y se enreda en mis dedos
el vendaval que sopla, resopla
el huracán que ruge, reruge
gime, regime
se tuerce y retuerce,
todo se lo ha llevado el viento
el silbido, la pestaña, tu pelo
Felicidad
no esta sonrisa que me invade cuando te miro, y duermes
no este placer que me arrebata la piel cuando te siento dentro
no esta sensación de paz cuando me acaricias el pelo.
La felicidad tiene que ser,
como el aliento húmedo de un hada desnuda
como un cementerio de elefantes en el centro de una gran ciudad
como flotar a un palmo del suelo y no poder subir más, ni bajar.
La felicidad tiene que ser
un estado ideal entre la nostalgia redulce y la sorpresa infinita.
La voz
No el silencio palabra, habla.
Si callar no es silencio bello despereza la lengua.
Si silencio es pereza despereza la palabra.
No hables con los ojos cerrados.
No calles. Ni por miedo.
Aprendiendo
Abrir los ojos y fijar la vista en algo, observarlo
con la mente en blanco.
Una araña, sus patas, la forma de moverse,
una respuesta ante el estímulo.
Dejar que el tiempo corra
y mi atención puesta en algo que no soy yo.
Por miles de segundos olvidada de mi.
Y de mi ombligo.
Desprenderse de uno mismo para sentirse Uno de una vez.
Quiero no pensarte
un recuerdo soplo–frío, o soplo–fresa.
Tú siempre frío,
soplo de helar pestañas y parpadeos,
soplo de descorazonar corazones,
soplo de lamentos,
de porqués o, cualquier tiempo pasado fue, y acabó.
Tu recuerdo es hoy todavía punzada que hiere.
Quiero no recordar que eres recuerdo soplo–frío,
ese es el olvido que busco.
Olvido completo de noches y días.
O no, olvido a medias.
Lo que de verdad quiero es que seas un recuerdo soplo–fresa.
Y te piense mañana y me puedas devolver el olor de ayer,
haciendo pompas de risas y suspiros.
Recordarte siendo aroma pegado a mis labios.
recuerdo suave,
que dura lo que dura un recuerdo soplo–aliento.
Dominar el corazón
mi corazón se ha hecho un esguince entre saltos y piruetas.
Tu imagen, a secas, dispara los resortes automáticos de su alegría.
Convaleciente
intento controlar los brincos,
pero no sé dominar mi corazón.
Para él cada segundo cerca de ti, es una fiesta.
uno de no echarte de menos
Huelo,
lagrimeo un suspiro verde, que huele,
lengüeteo las esquinas de otros cuerpos,
hurgo en pliegues salados de otros labios
y se curan las huellas de tus dientes.
Cortaste el cordón umbilical que me ataba a tus zapatos.
Ahora
descalza y sin dirección
se despereza el camino, y se camina mejor.
Sólo los lunes
ni te pienso a oscuras.
No. Salvo los lunes.
Ya no dejo la manzana en mi cabeza por si te apetece lanzar la flecha,
arriesgando tu pulso,
para salvarme de la catástrofe rutina.
Ya no quiero que me salves.
Salvo algún lunes. Todos los lunes.
Labios
y yo, que acomodada en el bucle de tus pestañas había iniciado un dulce sueño,
ruedo por tus mejillas, hasta tus labios.
Labios que son míos, tuyos, labios.
Labios carnosos, labios con grietas, labios salados, con sueño, labios.
Labios húmedos, labios rosados, labios definidos, sabios, labios.
Labios que se entreabren a mi roce, labios.
Labios, tu voz.
Labios, grito, tu dolor.
Labios, hambre.
Labios, suspiro.
Labios, tú.
Labios, yo.
Labios, sueño.
Recuerdos
Cierro los ojos, me abrasas mirándome,
abro los labios, me quemas besándome.
Añoranza. Silencios colmados de miel.
Un recuerdo, a una lejana voz es fiel.
Noto tus manos, me agrietas tocándome,
siento tu ser, me envenenas amándome.
Amarga la lejanía como la hiel.
Te quise. Te olvidé. ¿Por qué vuelves?
Te quiero. ¿Por qué no te marchas? ¡Quédate!
¿Por qué te vas? Tú atormentas mi mente.
Bésame de nuevo, ¿aún me quieres?
Enrédame en ti de nuevo. ¡Enrédate!
Mi pasado. Tu pasado. Presente.
Desnuda
Cómo me derramo de sangre oscura
cómo me bebo y aspiro hacia dentro
cómo me retuerzo en la embriaguez del exceso.
Sin calma en el tiempo.
Pespunteada en los extremos de la carne me veo, tejiendo aviones de papel para volar y surcar los campos de trigo, sesgando mi miedo.
Una vez más, apuntalada, me derramo por el borde de mis miserias y, rozo el cielo.
Te echo de menos
las ojeras que arañan mi ceguera
pesadumbre, de pena verdadera,
asume en su tormento mi mirada.
Es quebranto mi soledad callada
y consecuencia, mi apatía austera.
Mi anochecer tu amanecer espera,
mi vela con cera arde apagada.
Necesito pupilas que me acunen
y perfilen de paz mi madrugada,
o rebosen con su agua mi pecera.
Necesito de voces que se aúnen
con pétalos de sueño en mi almohada.
O el llanto. De la lágrima primera.
A ti
Tibios abrazos en sobria cabaña,
saliva salada un beso rebaña,
rosal de plata con guantes deshojo.
Ironía quiebra el mordaz arrojo,
escucho en tu voz el roce que empaña
el cálido bucle de mi pestaña
y deshace, en una lágrima, un ojo.
Está en tu piel el sabor a ternura
que hace jirones la paz de mi calma,
que tu silencio convierte en locura.
Está en tu ser la latente cordura
que con sus gestos mutila mi alma
y no hallo claro entre tanta espesura.
Soneto a la No-creación
hay voces que atormentan mi intelecto
que no oye, indiferente al respecto,
mi inspiración plebeya aniquila.
Quebradiza lágrima en mi pupila
socava el cauce del camino recto
que a un perspicaz verso, vuelve insecto
y a mi afilada lengua desafila.
Con la punta de esta pluma dentada
rasgar a eruditos con un poema
resucitar, con voz, su alma azorada.
Encarnar el blanco de una mirada
descorcharla, con palabra o fonema,
de esta mediocre rima desgastada.
Mirada
Los ojos en las cuencas, vacíos.
Mirando sin mirar, o sin mirar.
Soez expresión del frío: tus ojos.
La nuca se me pone de puntillas cuando el eco devuelve mi reflejo, sin fisuras.
Escozor de arañazo cítrico.
Siberia.
Por fin, tu imagen se empaña y me resbala
fuera de mí.
Y el calor que colma me calma.
Me seco los restos de mirada con el puño del abrigo.
Ahora sí lo sé
yo estoy viva y tú, V a c í o
Instintos
carne busca carne, en estado frívolo, de manjar.
Para olerla y sobarla o desgarrarla en aullido,
deshuesarla, desalarla.
Para chuparla, o poseerla, quebrarla.
O amamantarla en el séptimo cielo, sin agujeros negros de tiempo-olvido, o prisión.
Trayectoria
caminan,
hacia el punto de inflexión del deseo.
Y se volverán vértice, nexo de unión,
o,
carnaza del paso del tiempo.
Soneto al Pecado Capital
pecado carnal fundió en deseo,
divino obsequio de un bendito ateo
hacer sexo con fruta regalada.
No hay pezón de Julieta enamorada
que no relegue en su lecho a Morfeo
si en su vientre, rasga el tedio Romeo
blandiendo soberbio su ardiente espada.
Serpientes erectas las condenaron,
curvas perfectas de Eurídices y Evas
que al gemir de sus cuerpos se entregaron.
Por magnos orgasmos aún se cita:
- ¡Polvo somos! ¡Polvo nos volveremos!
Pasiones que el aliento necesita.
Súplica sorda
La piel a tiras siendo uno cada uno, a cada momento.
O el mismo cada uno a cada momento.
Lamiendo, me el sentido común.
Es doctrina, o religión de mis cartílagos querer poseer, a ti, entero.
A todas horas tener, a ti, en mí.
Cerca, o dentro.
O sólo mirando, me. Escuchando, me.
Y no por eso anular, a ti, sino fundir, me.
Cuando estás cerca veo tu corazón en mi garganta que palpita,
ritmo que me enfría el pulso y me telaraña la piel.
Veo, a ti. Me ves. Solo tú, o yo. O ambos.
Aman, dos, nos.

